Robotización, productividad y covid-19 – Rebelion

El papel clave de la productividad

Durante la crisis, las empresas tienen
que arrojar lastre: su rentabilidad cae enormemente. Partamos del principio
–probable– según el cual su principal preocupación será restablecer esa
rentabilidad lo antes posible. ¿Sobre qué factores pueden operar? A nivel
global, la eutanasia de las empresas zombi [empresas
que siguen activas a pesar de ser deficitarias] va a permitir reducir el
montante del capital que hay que valorizar. Quienes toman las decisiones podrán
presionar –una vez más– a las subcontratas o tratar de deslocalizar una parte
complementaria de sus actividades. Evidentemente, la congelación salarial
permite reducir costos, sobre todo si una parte de esa reducción corre a cargo
del Estado, que también puede –como ya ocurre en Francia– reducir los impuestos
a las empresas.

Y queda una variable fundamental: la
productividad del trabajo. Esta variable mide el volumen de los bienes o
servicios producidos por cada persona asalariada (productividad per cápita) o
por hora de trabajo (productividad horaria). Entre ambas se sitúa la jornada
laboral: si se logra prolongarla, como sugiere la patronal, se aumenta la
productividad per cápita. ¿Será la crisis la ocasión para poner fin a la
tendencia a la baja de los aumentos de productividad?

El agotamiento del aumento de la
productividad constituye una característica fundamental del capitalismo
contemporáneo: a lo largo de los Treinta Gloriosos la
productividad del trabajo aumentó en torno al 5% anual. Actualmente ya no
aumenta más que el 1 o el 2%, en el mejor de los casos. El gráfico 1 es la
prueba palpable de ello, tanto en el Estado español como en el conjunto de la
zona euro.

Se trata de una transformación
importante en la dinámica del capitalismo que se subestima a menudo; como
ocurre en los últimos libros de Thomas Piketty (Capital e ideología) y de Branko Milanovic (Capitalismo, nada más: un nuevo enfoque
para la era de la globalización
).
Sin embargo, la aritmética es simple: la evolución de la tasa de ganancia
depende de la diferencia existente entre el crecimiento de la productividad del
trabajo y el aumento del salario, teniendo en cuenta el incremento del capital.
Dicho en términos técnicos, la tasa de ganancia aumenta si el salario se
incrementa a una velocidad inferior que la “productividad total de los
factores”, que es el promedio de la productividad del trabajo y de la eficacia
del capital (Husson, 2016a). Es a partir de esta aritmética como se puede
analizar el tránsito al capitalismo neoliberal que ha adoptado la forma de un
proceso de desregulación.

La
desregulación como sustituto de la productividad

La desregulación se define aquí, en un
sentido amplio, como el conjunto de dispositivos orientados a restablecer el
beneficio a pesar del agotamiento del aumento de la productividad. Comparamos
la evolución de la tasa de ganancia y de la productividad con un índice de desregulación sintético, elaborado a partir de un conjunto de
indicadores (participación de los salarios, déficits comerciales, endeudamiento
de los hogares, desigualdades, financiarización, globalización) 1/.

El gráfico 2 ilustra esta comparación
que abarca al conjunto de los principales países capitalistas (las variables
están normalizadas). En él vemos cómo se diseñan las dos grandes fases de la
historia del capitalismo contemporáneo. La primera se caracteriza por una caída
en paralelo del aumento de productividad y de la tasa de ganancia. Pero, al
mismo tiempo, el índice de desregulación permanece más o menos constante. Dicho
de otro modo, vemos el agotamiento progresivo del dinamismo de un capitalismo
que sigue estando relativamente regulado.

A partir de mediados de los años 1980 se
abre el periodo neoliberal en el que la configuración cambia totalmente.
Mientras que el aumento de productividad continúa ralentizándose, la tasa de
ganancia vuelve a subir al mismo tiempo que el indicador [de la desregulación]
comienza a crecer. En la primera fase, en la que la tasa de ganancia y la
productividad están estrechamente relacionadas, la dinámica del capital se basa
en el aumento de la productividad; en la segunda fase, resulta sorprendente
constatar cómo el beneficio y la productividad evolucionan estrictamente en
sentido contrario. En adelante, la correlación se dará entre el beneficio y la
desregulación, que de ese modo toma el relevo del aumento de la productividad
para garantizar el restablecimiento de la tasa de ganancia 2/.

El
misterio de la productividad

El problema es que no se comprenden las
razones de esta ralentización de la productividad: normalmente, el desarrollo
de nuevas tecnologías debería haber dopado la productividad del trabajo. Es la
famosa paradoja de Solow, ese economista que ya en 1987 constató que “vemos
ordenadores por todos lados, salvo en las estadísticas de la productividad”
(1987). El misterio sigue presente hoy en día. Se ha intentado demostrar que se
trataba de un problema de medición, que los precios estaban sobreestimados, que
era una cuestión de tiempo (¡pero llevamos mucho tiempo esperando!). No son
argumentos convincentes. Por mi parte, también puse de relieve las dificultades
encontradas en los intentos de modelización en los que la caída del aumento de
productividad se explicaba por el paso del tiempo 3/.

Sin embargo, y esta es otra paradoja,
últimamente se han multiplicado las predicciones catastróficas. El estudio de
referencia, citado en múltiples ocasiones, es el de Frey y Osborne, que en 2013
preveía que, en las dos décadas siguientes, el 47% de los empleos en EE UU
estaba amenazado por la robotización.

Ahora bien, estudios más detallados y
serios no han logrado discernir hasta el presente el efecto negativo de la
robotización sobre el empleo total. Sin embargo, la creciente utilización de
robots está reduciendo la parte de los trabajadores y trabajadoras que realizan
tareas rutinarias, particularmente las manuales. Es lo que confirma un reciente
estudio (Gentile, Elisabetta et al., 2020)
en las plantas de Adidas en Ansbach (Alemania) o Atlanta (EE UU), que producen
miles de zapatillas al año mediante robots industriales y un puñado de
trabajadores y trabajadoras. Los autores remarcan que “antes, estas tareas de
producción se habrían realizado en lugares en los que la mano de obra es más
barata, como en el Sudeste Asiático”.

Otro estudio referente a Alemania
también muestra que la robotización no afecta al empleo total, pero tiene un
impacto negativo sobre el empleo en la industria: los autores calculan que, de
media, un robot complementario reemplaza dos empleos en el sector
manufacturero. De ese modo, los robots serían responsables de la caída de casi
el 23% del empleo industrial entre 1994 y 2014 (Dauth, Wolfgang et al., 2017).

Así pues, todos estos estudios convergen
para encontrar el efecto de la automatización en la estructura del empleo.
Cierto, resulta evidente que las tareas rutinarias y poco cualificadas son más
susceptibles de ser automatizadas que las tareas especializadas y más
cualificadas. Simplificando, los robots y los ordenadores sustituyen el trabajo
rutinario y acompañan en las tareas más especializadas, con las cuales se
complementan. Las desigualdades salariales no pueden sino acrecentarse entre
estas dos categorías de trabajadores.

A decir verdad, este mecanismo es tan
viejo como el propio capitalismo. Ya en 1845, Engels pudo observar que con la
introducción de la mula (una máquina de hilar basada en la energía hidráulica)
en las fábricas de algodón: “Los obreros conocidos como hilanderos finos (quienes realizan el hilado de hilo fino en la
mula) perciben, desde luego, un salario elevado, de 30 a 40 chelines por
semana, porque ellos tienen una asociación poderosa que lucha por mantener el
salario de los hilanderos y su oficio exige un penoso aprendizaje; pero los
hilanderos de hilo grueso tienen que competir con las máquinas automáticas (self-actors) –inutilizables para el hilo fino–, y cuyo sindicato
ha sido debilitado por la introducción de esas máquinas, reciben en cambio un
salario muy bajo” (Engels, 2019: 207-8).

En los sectores afectados va de suyo que
la robotización contribuye al aumento de la productividad. Pero, sin embargo,
los estudios de Graetz y Michaels (2018) que confirman esta evidencia no
explican la ralentización global del aumento de la productividad. Por tanto,
habría una productividad
marginal decreciente
 de la robotización. Así pues, el
misterio continúa sin ser resuelto.

Patrick Artous, un economista que no
tiene nada de marxista, abre una pista interesante (Artous, 2020). Constata que
todo parece ir en el sentido de una aceleración de la productividad:
robotización de las empresas, nuevas tecnologías de empresa, investigación y
desarrollo, y nivel de educación. Muestra también que la teoría neoclásica no
puede dar cuenta de este fenómeno: “La sustitución de trabajo por capital
debería conllevar una aceleración de la productividad del trabajo; pero, por el
contrario, esta se ha ralentizado”. Su explicación es que, de hecho, la tasa de
inversión neta (que toma en cuenta la amortización del capital) ha reculado
mucho. Dicho de otro modo, “las empresas no han invertido lo suficiente para
compensar la aceleración de la obsolescencia del capital, de ahí el retroceso
del aumento de la productividad”.

Ahí tenemos una primera pista para una
explicación. A pesar de la caída del precio relativo de los bienes de inversión
en las nuevas tecnologías, el volumen de capital necesario es elevado, tanto
más cuanto está sometido a un ciclo de vida relativamente corto. Dicho de otro
modo, es necesario invertir mucho y, a menudo, el propio volumen de inversión
comporta aumentos de productividad decrecientes. Pero esta explicación debe ir
acompañada de otra; a saber, el desajuste entre la demanda social que se
desplaza hacia sectores de menor productividad y los criterios de rentabilidad
capitalista. Esta puede ser la respuesta de fondo a la paradoja de Solow: el
flujo de las innovaciones tecnológicas no parece agotarse, pero lo que está en
vías de agotarse es la capacidad del capitalismo para incorporarlas a su
lógica.

Después
(?) de la covid-19

La crisis de la covid-19 ha conllevado
un retroceso brutal del empleo y de las horas trabajadas en todo el mundo. La
Organización Internacional del Trabajo estima que “la pérdida de horas de
trabajo en el segundo trimestre de 2020 (con respecto al cuarto trimestre de
2019) se eleva al 17,3% (495 millones de empleos equivalentes a tiempo
completo). Los países de ingreso mediano bajo son los más afectados, al
registrarse en ellos una pérdida de horas de trabajo de alrededor del 23,3%
(240 millones de empleos equivalentes a tiempo completo) en el segundo
trimestre de este año” (OIT, 2020).

Sin embargo, la caída del empleo ha sido
amortizada por la reducción del tiempo de trabajo bajo diversas formas, como el
paro parcial: es una especie de homenaje del vicio a la virtud. En Francia, el
número de horas trabajadas en el conjunto de la economía ha caído en 1.700
millones (el 4%) a lo largo de los dos primeros trimestres de 2020. Pero más del
80% de esta caída ha sido compensado por el desempleo parcial u otros
dispositivos equivalentes 4/. Esta reducción forzada del tiempo de trabajo (que reduce su
productividad) es un candado que la patronal tratará de hacer saltar por los
aires lo más rápido posible.

Durante este tiempo continúa el pequeño
juego de las predicciones. Según McKinsey Global Institute, el “22% de los
puestos de trabajo podría automatizarse de aquí al 2030” en Europa; es decir,
el equivalente a 53 millones de empleos (2020). Una encuesta realizada por el
mismo instituto en todo el mundo muestra que ya se ha acelerado la
informatización y la robotización durante la pandemia (2020). Su trabajo se
centró fundamentalmente en el teletrabajo. Esos mismos dirigentes piensan que
la demanda de “trabajadores autónomos y eventuales en las empresas” aumentará
en los próximos años. La crisis de la covid-19 abriría así un período de
recuperación del aumento de la productividad.

Pero esto es olvidar una de las
características del doble choque de la oferta y la demanda infligido por la
pandemia; a saber, su heterogeneidad según los sectores (y los países). A
partir de ahí, incluso una recuperación progresiva de la economía no
reabsorberá los desajustes entre la oferta y la demanda, como lo remarca un
estudio minucioso (del Río-Chanona et al., 2020).
Desde ese punto de vista, el ya citado estudio de McKinsey sobre el empleo en
Europa aporta una luz útil: junto al 22% de empleos amenazados por la
robotización, identifica un 26% de empleos amenazados por la covid-19. En
parte, estas dos categorías se superponen: el 10% de empleos europeos estaría
amenazado tanto por la robotización como por la covid-19. El gráfico 3 muestra
que están distribuidos de forma desigual. Así pues, 5,4 millones de los empleos
en el comercio (es decir, 2 sobre 3) estarían expuestos a este doble riesgo.

Esta diferenciación afectará de forma
particularmente desfavorable a las mujeres, que son “dos veces más susceptibles
que los hombres de ocupar puestos de trabajo con un alto riesgo de transmisión
de covid-19 y de robotización. Las mujeres con un nivel medio de educación se
verán confrontadas al riesgo conjunto más elevado de la covid-19 y la
robotización” (Chernoff, Warman, 2020).

Por consiguiente, las empresas se verán
incitadas a la robotización para incrementar la productividad y, también, para
reducir la incertidumbre en cuanto a la disponibilidad efectiva de mano de obra
teniendo en cuenta las medidas sanitarias. Sin embargo, la incertidumbre que
pesa sobre las perspectivas comerciales y la degradación de la rentabilidad
actuarán como un impedimento para que las empresas inviertan: “La incertidumbre
en relación a la duración de la pandemia pesa sobre las inversiones y
obstaculiza el comercio; las inversiones extranjeras directas y las
restricciones a la movilidad podrían ralentizar aún más la reasignación de los
trabajadores de las empresas con débil productividad hacia aquellas de mayor
productividad” (Dieppe, 2020).

Por tanto, es difícil decir cuál de
estas dos tendencias se va a imponer, y la respuesta será, sin duda, muy
diferente de un sector a otro 5/. Sin embargo, el
examen de epidemias precedentes a la covid-19 (SARS, MERS, Ébola y Zika)
muestra que la productividad se redujo en un 4% al cabo de tres años en función
de sus efectos perturbadores: dislocación de la mano de obra, restricción de
créditos, desorganización de las cadenas de valor, caída de la innovación
(Dieppe, Celik, Okou, 2020).

¿Hacia
una recuperación en V del beneficio?

El gráfico 4 es muy revelador de los
retos actuales. Representa la tasa de margen o, dicho de otro modo, la parte de
la ganancia en el valor añadido de las empresas francesas. Se ve que la misma
aumenta hasta la crisis de 2008 que la hizo caer. A partir de 2013 recupera su
retraso hasta alcanzar un nivel históricamente elevado: ese doble movimiento de
caída y posterior recuperación diseña una recuperación en V de
la ganancia. Después llegó la crisis de la covid-19, que volvió a hacerle caer
casi al mismo nivel que la crisis precedente.

Las previsiones vienen señaladas por la
línea de puntos y son las del informe ya citado del Ministerio de Economía
francés. Así pues, ya podemos descifrar las perspectivas del gobierno francés:
recuperar en un año el retroceso de la ganancia de una magnitud similar para la
que en la crisis anterior necesitó siete años. Este objetivo de una
recuperación tan rápida en V de la ganancia
se basa en una hipótesis simplista, según la cual la velocidad de la
recuperación será necesariamente proporcional a la de la caída. Ahora bien,
ello revela sobre todo la voluntad de restablecer el beneficio cueste lo que cueste… a las y los trabajadores.

La conclusión de todo lo dicho hasta
aquí se podría formular a modo de minitesis:

1. La productividad del trabajo es un
factor fundamental de la dinámica intrínseca del capitalismo; desde hace unos
decenios se viene agotando y la robotización no produce los resultados
previstos.

2. La crisis de la covid-19 ha tenido
por efecto hacer caer la productividad de forma diferente según los sectores.

3. Para los capitalistas, el reto
fundamental para salir de la crisis es el de restablecer su ganancia, del que
la productividad es un componente esencial. La robotización puede contribuir a
ello, pero implica una recuperación de las inversiones.

4. El creciente recurso a la
robotización no puede sino acentuar aún más la fragmentación de las y los
asalariados.

Michel Husson es economista. Tras prestar sus servicios en diferentes ministerios económicos franceses, ha sido responsable del grupo Empleo del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, vinculado a los sindicatos

Notas:

1/ La forma de elaborar el índice de desregulación se
explica en este artículo: “Le néolibéralisme, stade suprême?”, Actuel Marx n° 51, 2012. Disponible en http://hussonet.free.fr/actumx11.pdf

2/ Este modelo, en el que la tasa de ganancia depende
alternativamente de la productividad y de la desregulación, también puede
probarse econométricamente. Ver Husson, Michel (2018) “Petite économétrie du
capitalisme néolibéral”, note hussonet n°
124, 8 de septiembre. Disponible en http://hussonet.free.fr/courbes18.pdf

3/ Además de las referencias citadas en la nota nº 1,
Husson, Michel (2020) “Productivité : l’énigme irrésolue”, Alternatives économiques, 10 de febrero, disponible en http://hussonet.free.fr/corrigerpib.pdf
(2018) y (2020) “Comment l’Insee explique (ou pas) le ralentissement de la
productivité”, Alternatives
économiques
, 19 de julio, disponible en http://hussonet.free.fr/inseebis718.pdf

4/ Fuente: Ministère de l’économie, Rapport économique, social et financier, 2021, p. 172.

5/ Ver este ensayo de
modelización: Sylvain Leduc and Zheng Liu, “Can Pandemic-Induced Job
Uncertainty Stimulate Automation?”, Federal Reserve Bank of San Francisco, mayo
2020.

Referencias

Artus, Patrick (2020) “Sur le
ralentissement de la productivité”, 25 de septiembre y 1 de octubre; disponible
en http://reparti.free.fr/artus10-2.pdf

Dauth, Wolfgang et al. (2017) “The rise of robots
in the German labour market”, voxeu, 19 de septiembre; disponible
en http://pinguet.free.fr/dauth917.pdf

Del Río-Chanona, R. Maria et al.
(2020) “Supply
and demand shocks in the COVID-19 pandemic: an industry and occupation
perspective”, Oxford Review of Economic
Policy
, Vol. 36, Sup.
1; disponible en http://reparti.free.fr/rio-chanona20.pdf

Chernoff, Alex
W.; Warman, Casey (2020) “Covid-19 and implications for automation”, NBER,
julio; disponible en http://acdc2007.free.fr/nber27249.pdf

Dieppe, Alistair (2020) “Slowdown in productivity
growth compounded by COVID-19”, voxeu, 18 de septiembre; disponible
en http://reparti.free.fr/dieppe920.pdf

Dieppe,
Alistair; Sinem, Celik Kilic, y Okou, Cedric (2020) “Implications of Major
Adverse Events on Productivity”, The World Bank, septiembre. Disponible en http://reparti.free.fr/dieppe920b.pdf

Engels, Friedrich(2019) La situación de la clase obrera en Inglaterra. Disponible en https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/situacion/situacion.pdf

Gentile, Elisabetta et al. (2020) “Robots replace routine
tasks performed by workers”, voxeu, 8 de octubre; disponible en http://reparti.free.fr/gentile20-.pdf

Graetz, Georg y Michaels, Guy (2018) “Robots at
Work”, The Review of Economics and Statistics, vol. 100 n° 5, diciembre;
disponible en http://pinguet.free.fr/graetzmichaelsrobots.pdf
.

Husson, Michel (2015)viento sur, 21 de junio de 2015. Disponible en https://vientosur.info/estancamiento-secular-un-capitalismo-empantanado/

(2016) “El gran bluf de la
robotización”, viento sur n°147.

(2016a) “Taux de profit, salaire et
productivité”, nota
hussonet
 n° 94, 4 de marzo; disponible en http://hussonet.free.fr/tprofprod.pdf

McKinsey Global
Institute (2020) “The future of work in Europe. Automation, workforce
transitions, and the shifting geography of employment”, junio, disponible en http://reparti.free.fr/mckfuturework.pdf

(2020) “What 800
executives envision for the postpandemic workforce”, septiembre.

OIT (2020) “La covid‑19 y el mundo del
trabajo”, 23 de septiembre; disponible en https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@dgreports/@dcomm/documents/briefingnote/wcms_755917.pdf 

Solow, Robert (1987) “We’d
Better Watch Out”, New York Times Book Review, 12 de julio; disponible
en http://digamo.free.fr/solow87.pdf

Fuente: https://vientosur.info/robotizacion-productividad-y-covid-19/

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