Más de 84 millones de europeos se resisten todavía a vacunarse

Pandemia de
no vacunados. Son las palabras que utilizó el ministro germano de Sanidad, Jens Spahn, para referirse a los más de 16 millones de alemanes que siguen manteniendo reservas en ponerse un pinchazo de la
vacuna contra el coronavirus. Su decisión, que replican miles de ciudadanos en el Viejo Continente, ha provocado a nivel global que 84,5 millones de europeos dentro de la la población diana o mayor de 12 años de la Unión Europea (UE) que sí puede recibir las dosis no lo hayan hecho todavía, lo que ha llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a declarar que el nuevo epicentro de la pandemia está de nuevo aquí, en suelo europeo.

 eso a pesar de que están aún muy presentes las consecuencias de la pandemia a todos los niveles de la sociedad y vívido el recuerdo del casi millón y medio de personas que han fallecido a causa del coronavirus solo en la Unión Europea. La
vacuna está disponible para hacerle frente, pero, a diferencia de lo que sucede en España, que ha sido ciertamente disciplinada en el gesto, sigue habiendo demasiadas personas reacias a recibir el pinchazo. Sea por escepticismo, negacionismo o incluso desconfianza, según la OMS, Europa puede ver fallecer a otro medio millón de personas antes del próximo febrero si no se revierte esta realidad. Esos 84,5 millones de europeos que podrían inmunizarse y no lo hacen contra el Covid-19 representan el 21,5% de la población diana (a partir de 12 años). De esos datos se excluye a los niños, para los que todavía no hay autorizada ninguna vacuna por parte de la Agencia Europea del Medicamento. Sumando a la población total, el porcentaje entonces de desprotegidos asciende hasta el 30,9% de ciudadanos en la UE (unos 138 millones).

En datos absolutos, Alemania es el país que más población tiene sin cubrir con la pauta vacunal. Allí, aún 16 millones de personas no han recibido ni una dosis, lo que supone que casi dos de cada diez ciudadanos europeos sin vacunar son alemanes. El país centroeuropeo no se aparta mucho de la media de no inmunizados, que es ligeramente superior a la de los Veintisiete (un 21,8% frente al 21,5 de los países de la Unión). Por detrás de Alemania está Polonia (12.950.000 sin vacunar, esto es, el 39% de la población diana); Rumanía (9.880.000, el 58,4%); Italia (6.930.00, un 12,9%) y Francia (6.520.000, el 11,3%). En términos relativos, en cambio, son los países del Este los que menos se han pinchado contra el virus. Así, hasta el 75,1% de los búlgaros aún no han recibido ninguna dosis, seguidos por rumanos, eslovacos (47,2%) y croatas (el 39%).

En el lado opuesto, apenas 180.000 portugueses (un 1,9%) han retrasado el momento de pincharse, 30.000 malteses (5,9%) o 340.000 irlandeses (8,2%).

Mención aparte merece Rusia, primer país en comenzar a inmunizar contra el Covid con la
vacuna patria Sputnik. Con un 60,5% de la población vacunable sin proteger, se enfrenta ahora a cifras récord de muertos diarios en la pandemia, superando los mil. En Reino Unido aún quedan sin inmunizar casi 17 millones de británicos, un 26,5% de su población de más de 12 años.

Según esgrimió la OMS el pasado jueves, el aumento de los casos en el Viejo Continente -con una incidencia acumulada de 306 casos por cada cien mil habitantes- es el resultado de la combinación de una vacunación insuficiente con una relajación de las medidas para contener el virus. El organismo asegura que en Europa las hospitalizaciones «se han duplicado en una semana». Los nuevos casos registran una preocupante tendencia al alza desde hace casi seis semanas consecutivas.

Crecimiento exponencial

En países como Alemania, las muertes por coronavirus se han multiplicado casi por diez respecto a hace un año. La tasa de mortalidad se ha estabilizado en esta nueva ola en una meseta de alrededor de 400 por semana. El RKI señala dos causas para este repunte de la mortalidad. En primer lugar, el número de infecciones es actualmente mucho mayor debido a que las medidas de seguridad son más relajadas. En segundo lugar, la tasa de vacunación en el país, en el que hay una tercera parte de la población que ha decidido no hacerlo. Y «esto también se aplica a los ancianos, que tienen el mayor riesgo de muerte», subrayan fuentes del RKI, que recuerdan que «entre los mayores de 60 años, más de tres millones de personas aún no han querido vacunarse». El ministro de Sanidad no tiene dudas y culpabiliza del repunte a la baja tasa de vacunación en comparación con otros países del entorno europeo como España.

«Tengo ciertas reservas sobre las vacunas y por eso prefiero todavía no vacunarme». Esto ha dicho recientemente en público Joshua Walter Kimmich, futbolista estrella de la Bundesliga e icono de autogestión e independencia juvenil, porque acaba de negociar él solito, sin intermediarios ni agentes, su contrato de centrocampista con el Bayern de Múnich. Kimmich es sin duda un referente para muchos jóvenes y adultos futboleros en Alemania y la todavía canciller en funciones Angela Merkel comprendió al instante el potencial de influencia de sus palabras contra las vacunas. Por eso llamó por teléfono a Kimmich e invitó al futbolista a «reflexionar». «Creo que se lo va a repensar», dijo Merkel después de la conversación. El caso es que Kimmich no está solo en su postura y Alemania está pagando un precio muy alto por esta indecisión.

Gerda es un ejemplo. Esta anciana tiene 87 años y vive en una residencia de Weding, en Berlín. Sigue sin vacunarse a pesar de que se le ofrece entrar en las listas de la inmunización desde hace ya más de un año. Cuando se le pregunta por el motivo, se remonta a su infancia, cuando «unos hombres con batas blancas» se llevaron a su hermano Anton, sordo de nacimiento y de 13 años de edad. «No se fíe usted de lo que dicen los médicos», aconseja hoy Gerda, cuya familia quedó de por vida traumatizada por la Ley para la Prevención de las Enfermedades Hereditarias, que se promulgó el 14 de julio de 1933 y que muchos están blandiendo ahora para no vacunarse. Esa ley, entre otras cosas, dicen, allanó el camino a la dictadura de Hitler. A instancias de un tribunal compuesto por dos médicos y un juez, la norma obligaba a la esterilización o eutanasia de personas con deficiencias, desde ceguera o sordera hasta cáncer, pasando por epilepsia, cuadros depresivos, esquizofrenias o alcoholismo.

Otros alemanes, como el periodista Maximilian B., apelan a los datos de «ineficacia de la vacuna» más que al ‘trauma’ por la Alemania nazi. «Aproximadamente la mitad de los hospitalizados actualmente están ya vacunados, lo que demuestra que la vacuna no evita ni la infección ni el contagio ni la hospitalización -argumenta-, aunque reconozco que ayuda a mitigar los síntomas». En su caso, ha decidido tardíamente vacunarse, tras constatar los actuales índices de mortalidad, pero hasta ahora estaba convencido de que «es mayor el riesgo de una tecnología de efectos secundarios desconocidos a largo plazo, como ocurre con el ARNm, que el riesgo de un desarrollo Covid grave». Muchos alemanes alegan las historias de conocidos y familiares que confirman sus prejuicios sobre el pinchazo: conocen a personas vacunadas infectadas y a otras que han resultado infectadas pero no han presentado síntomas.

Aunque el gobierno sigue descartando la vacuna obligatoria, el 57% de los encuestados por Deutschland Trend está a favor de convertirla en norma. En el mes de agosto, este porcentaje era solamente del 46%. Los militantes de los tres partidos que están actualmente negociando la coalición «semáforo» que gobernará Alemania durante la próxima legislatura, socialdemócratas, liberales y verdes, opinan en su mayoría a favor de la vacunación obligatoria. En Partido Socialdemócrata (SPD) la aprobación es más alta, con el 71% y entre los Verdes el 56%.

Nuevas medidas

De enorme gravedad son los casos de Hungría, Bulgaria y Rumanía, cuyos sistemas sanitarios están ya totalmente colapsados por el Covid. Rumanía es el tercer país que menos vacuna y registra el mayor número de muertos por millón de habitantes de la UE. Ni siquiera las medidas impuestas por el gobierno para intentar frenar la transmisión dan resultado. Entre las más duras está el toque de queda de 22.00 a 5.00 horas a los habitantes no inoculados con el fármaco, esto quiere decir que más del 58% de la población, casi diez millones de personas, no puede salir a la calle entre esa franja horaria. La presión hospitalaria es tal que ha obligado a suspender todas las hospitalizaciones no esenciales y a trasladar pacientes graves a otros países.

https://www.abc.es/sociedad/abci-mas-84-millones-europeos-resisten-todavia-vacunarse-202111060109_noticia.html

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