Martha Sepúlveda logra que le practiquen la eutanasia tras haber visto denegado su derecho a morir dignamente

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La colombiana de 51 años, enferma de ELA, agradeció a todas las personas que «la acompañaron y apoyaron»

Martha Sepúlveda.
Martha Sepúlveda.Federico Redondo Sepúlveda
  • Colombia Hoy domingo, día del Señor, me hago la eutanasia

Lo había previsto todo para un domingo temprano de octubre, a la misma hora en que solía ir a misa. Pero cuando se acercaba el día, la clínica IPS Instituto Colombiano del Dolor de Medellín rechazó en el último momento cumplir su deseo.

Ayer sábado, sin embargo, Martha Sepúlveda, de 51 años, logró que le aplicaran la eutanasia por la que venía luchando desde mediados del 2021, cuando la Corte Constitucional colombiana aprobó dicho procedimiento para enfermos no terminales que sufrieran dolores insoportables. Antes de esa sentencia, solo estaba permitido para quienes padecían un mal incurable y se encontraban al borde de la muerte.

«Martha partió agradecida con todas las personas que la acompañaron y la apoyaron, a quienes oraron por ella y tuvieron palabras de amor y empatía durante estos meses difíciles», rezaba el breve comunicado que difundió DescLab, la organización que le ayudó en todo el proceso judicial.

Martha Sepúlveda padecía ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) desde 2018, y no quería seguir sufriendo ni llegar a suponer una carga para su único hijo. Para ella, y así lo manifestó en su día, la felicidad era dejar este mundo antes de pasar a la fase más grave de la enfermedad. Y aunque fue la primera paciente no terminal en pedir la eutanasia, se le adelantó el viernes por la noche (madrugada en España) otro colombiano que también quería morir por el mismo método.

«Gracias a todos los colombianos que de una u otra forma nos brindaron el apoyo, esa confianza de seguir adelante con nuestra lucha. Bendiciones y abrazos en general. Los quiero a todos muchísimo. Y no les digo adiós, sino un hasta luego», dijo Víctor Escobar, de 60 años, en un vídeo de despedida que difundió el mismo día que moriría. «La vida no es comprada, poco a poco nos va llegando el turno a cada uno. No les digo adiós, sino un hasta luego. Poco a poco nos iremos encontrando donde Dios nos tenga. Abrazos y bendiciones para todos. Los quiero y los amo con toda mi alma».

Casado y padre de cuatro hijos, conducía camiones hasta que hace 36 años sufrió un accidente que le causó secuelas graves tanto en los meses siguientes como en los años posteriores. Padecía EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica), diabetes, parálisis parcial e hipertensióny estaba cansado de lidiar con discapacidades y dolores.

Los últimos días los dedicó a su familia y aunque había pensado conceder una rueda de presa el mismo viernes, optó al final por enviar unas palabras grabadas y pasar sus últimas horas con los suyos.

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