La izquierda ante las elecciones en Portugal – Rebelion

Eso aboca al país a nuevas elecciones en un panorama complicado, marcado por la pandemia y el ascenso de la extrema derecha. Conversamos con Jorge Costa, dirigente y diputado del Bloco de Esquerda portugués, sobre la coyuntura electoral, las particularidades de la configuración política portuguesa, el papel de los partidos y movimientos sociales y el ascenso de una nueva extrema derecha en un país hasta ahora al margen de este fenómeno global.

Brais
Fernández: 
Tras años de gobierno del Partido
Socialista, Portugal se precipita a unas nuevas elecciones: ¿Que ha pasado?
Cuéntanos un poco el panorama político, social y económico general para la
gente que no sigue día a día la política portuguesa.

Jorge
Costa: 
Las elecciones de 2015, tras la
intervención de la troika, tuvieron un resultado que creó una situación nueva.
A pesar de ser la fuerza más votada, la coalición de derechas quedó en minoría
en el Parlamento. En ese momento, el Bloco de Esquerda (Bloque de Izquierda) y
el Partido Comunista se declararon dispuestos a impedir un gobierno de derechas
y a buscar las bases de acuerdos políticos con el PS «en perspectiva de un
acuerdo de legislatura», como escribieron entonces. Un acuerdo de
legislatura es diferente de un acuerdo de gobierno, no implica
participación en el Ejecutivo, sino una serie de consensos programáticos a
cambio de votar la investidura de un gobierno en minoría. Estos acuerdos
establecieron medidas y calendarios para la recuperación de ingresos -salarios
por 35 horas de trabajo para los empleados del Estado, aumento del salario
mínimo, desgravación fiscal del trabajo, descongelación y recuperación de las
pensiones más bajas-, además de bloquear nuevas privatizaciones. La
estabilización de este marco permitió a la izquierda durante la legislatura
conseguir algunos avances adicionales en ámbitos importantes, como la
regularización de los trabajadores precarios del Estado, la protección social
de los autónomos”, la reducción de las tasas universitarias, una nueva ley
básica de sanidad en sentido progresivo o el proceso de despenalización de la
muerte asistida, este último aún en marcha.

Este marco político, bautizado
despectivamente por la derecha como «geringonça» (apodo adoptado
luego por los propios partidarios del acuerdo), creó un nuevo marco de desahogo
social y de voluntad reivindicativa, especialmente entre los trabajadores del
Estado y los sectores precarios que emergieron a la escena pública. Fue también
en este periodo cuando surgieron nuevos movimientos de masas, con las mayores
manifestaciones feministas y antirracistas jamás registradas en Portugal,
además de importantes movilizaciones juveniles por la justicia climática,
insertas en el movimiento mundial que la pandemia luego interrumpiría.

Las limitaciones de este marco no
tardaron en hacerse evidentes: el Partido Socialista obedeció las órdenes de
Bruselas en decisiones como la aplicación de las normas de resolución bancaria
en el caso del Banco Espírito Santo, la contención de la inversión pública a
niveles anémicos o la falta de una respuesta de fondo en la recuperación de los
servicios públicos afectados por los recortes de la troika. Las leyes laborales
mantuvieron intactos los retrocesos del período en el que la derecha fue más allá
de las imposiciones del Memorándum de Entendimiento con la troika.

A pesar de estos bloqueos persistentes,
la recuperación de los ingresos, combinada con el aumento de la demanda
turística y la caída de los tipos de interés de la deuda gracias a la política
del BCE, han permitido una rápida recuperación del crecimiento y del empleo,
que se refleja en el crecimiento de la intención de voto al Partido Socialista.

En 2018/19 empezaron a ser evidentes los
movimientos del PS hacia una confrontación política que, en vísperas de las
elecciones, le permitiera escenificar una petición de mayoría absoluta. El
presidente del partido, Carlos César, llegó a referirse entonces a las fuerzas
de la izquierda como impedimento” para el buen gobierno de los socialistas. Pero
el recurso fracasó. En octubre de 2019, los partidos de izquierda mantuvieron
esencialmente sus posiciones (Bloco 9,5% con el mismo número de diputados, PCP
6,3%) y el PS eligió 108 diputados, superando a los partidos de derecha, pero
todavía a siete escaños de la mayoría absoluta. Inmediatamente, se iniciaron
nuevas negociaciones, pero ahora sin ese estado de necesidad” en el que el PS
negoció en 2015.

Mientras que el PCP sólo estaba
dispuesto a entablar negociaciones puntuales pero sin la base de un acuerdo
político inicial, el Bloco de Esquerda propuso negociar dicho acuerdo, pero con
una condición previa: la eliminación de las regresiones introducidas por la
troika en la legislación laboral (desvalorización de las horas extras,
reducción del número de días de vacaciones, reducción de la base de cálculo de
la indemnización por despido de 30 a 12 días por cada año de trabajo y otras
medidas). Al día siguiente de la reunión con el Bloco, António Costa se reunió con las confederaciones
patronales. También es importante señalar que el nuevo gobierno no ha sido
capaz de llegar a un acuerdo sobre la reforma del Código Laboral. El gobierno
en minoría pasó a navegar a vista, presupuesto a presupuesto, enunciando cada
vez más abiertamente su chantaje de crisis política y elecciones anticipadas y
mostrando actitudes contrastantes hacia los partidos de la izquierda:
hostilidad hacia el Bloco, condescendencia e intento de subordinación del PCP.

BF: En concreto, ¿Cuáles son las demandas que el
Bloco de Esquerda y el Partido Comunista ponían encima de la mesa?

JC: Semanas después de las elecciones de 2019, el
presupuesto para 2020 todavía fue viabilizado por medio de la abstención de los
diputados del Bloco y del PCP (y de los tres electos del partido animalista,
PAN) mediante un importante refuerzo de la inversión en salud. Pero el
presupuesto para 2021 ya ha sido votado en contra por el Bloco de Esquerda,
después de una negociación en la que volvimos a centrarnos en la eliminación de
las normas de derecho laboral de la troika y otras políticas sociales
estructurales.

A partir de las lecciones de la
pandemia, también planteamos propuestas para modificar las prestaciones
extraordinarias creadas para la respuesta de emergencia y la preparación de una
nueva prestación social contra la pobreza que fortaleciera la dotación
preexistente con mayor amplitud y sin exclusiones arbitrarias.

Ante la vulnerabilidad que la pandemia
puso de manifiesto en el Servicio Nacional de Salud, el Bloco propuso un
esquema retributivo para la dedicación exclusiva de los profesionales
sanitarios con el fin de combatir la promiscuidad público/privada y atraer y
retener en el SNS a los profesionales que hoy son drenados por los hospitales
privados mediante mejores ofertas (médicos y enfermeras en particular).

A todo esto el gobierno se negó, y el
presupuesto para 2021 se aprobó sólo con las abstenciones del PCP (cuya
principal conquista fue la garantía del pago del salario básico al 100% de los
trabajadores en despido extraordinario) y del PAN. En esta etapa, los
comunistas seguían defendiendo que las leyes laborales, al no ser cuestiones
estrictamente presupuestarias, debían ser negociadas por el gobierno con los
sindicatos.

El PCP cambió esta posición en la
negociación de los Presupuestos para 2022, momento en el que el partido empezó
a asumir en la negociación la retirada de la troika de las leyes laborales
-como ya venía haciendo el Bloco con fuerza, desde la propuesta de acuerdo
postelectoral de 2019- y también la aceleración de la subida del salario
mínimo. Y eso fue suficiente para que pasara a votar en contra.

Ante el rechazo de los presupuestos,
António Costa, que nunca ha renunciado a liberarse de la negociación con la izquierda,
se apresuró a pedir, todavía durante el debate presupuestario, nuevas
elecciones para intentar una mayoría absoluta.

BF: El PS se ha fortalecido electoralmente, pero según
indican las encuestas no lo suficiente como para lograr la mayoría absoluta.
¿Por qué ha decidido forzar elecciones? ¿Cómo caracterizas su política y su
gobierno?

JC: Las próximas elecciones se convierten en un plebiscito
del Primer Ministro. Costa se enfrentará a una dura prueba de supervivencia si
no consigue la mayoría absoluta tras provocar las elecciones anticipadas. Su
apuesta, sin la cual está lejos de la mayoría, es la penalización de los
partidos de izquierda, por el rechazo a los presupuestos, y el fracaso de la
derecha, ahora atravesada por disputas internas por el liderazgo y acechada por
la presión de la extrema derecha. Esta es la razón por la que muchos votantes
moderados, a pesar de estar descontentos, pueden preferir la continuidad a la
alternancia. Todos estos cálculos quedan por demostrar…

Como ya he mencionado, una
característica del gobierno del PS es la subordinación al canon europeo.
Incluso en una situación excepcional, en la que se suspenden las normas del
tratado presupuestario, Portugal se encuentra entre los últimos países
desarrollados en cuanto a inversión pública en respuesta a la crisis. Y esto a
pesar de tener margen presupuestario para seguir avanzando. Esta alineación
también bloquea cualquier medida desfavorable para el gran capital, ya sea en
el sector inmobiliario, en el rentismo de las compañías eléctricas o en la
sanidad privada.

BF: Creo que la experiencia portuguesa pone sobre la
mesa la complejidad de la relación con los partidos socialistas en Europa. Por
una parte, son partidos socio-liberales o neoliberales progresistas, según el
caso. Por otro lado, en un contexto de ascenso de la extrema derecha o de
consolidación de la derecha tradicional, aparecen como una opción para buena
parte del pueblo de izquierdas, a pesar de que siguen inmersos en una crisis de
carácter histórico. ¿Qué tipo de relación planteáis con el PS?

JC: La relación del Bloco de Esquerda con el PS siempre ha
estado marcada por un intenso conflicto político. El Partido Socialista es, al
igual que el PSD,
el principal protagonista del modelo de modernización conservadora que explica
los persistentes retrasos del país, desde la privatización de sectores
estratégicos de la economía hasta la autoría y consolidación de medidas para
amordazar a los trabajadores en la producción. A lo largo de dos décadas, este
conflicto cedió lugar a convergencias importantes (despenalización del consumo
de drogas, derechos de los LGBT), pero ha persistido en áreas clave de las
políticas sociales y financieras.

Si en 2015 el Bloco hubiera creído
erróneamente en la existencia de condiciones programáticas y de confianza
suficientes para colocar los ministros propios de un gobierno de coalición,
dicho gobierno habría durado solo unas semanas: en diciembre de 2015, solo dos
meses después de las elecciones, el Partido Socialista estaba vendiendo al
Santander un banco intervenido por el Estado, el Banif, con pérdidas de 3 000
millones de euros para el Estado portugués. Ningún ministro de izquierdas
podría aprobar un decreto así.

La experiencia de la “geringonça”
(acuerdos 2015-2019) se ha tratado a veces en el debate internacional como si
fuera un modelo”. Para nosotros, no representa un modelo listo para ser
aplicado, ya que es fruto de circunstancias nacionales muy particulares. Era un
gobierno minoritario de un partido de centro, no un gobierno de izquierdas. Su
base parlamentaria fue el resultado de importantes compromisos sobre un cambio
político: el fin de la austeridad y la recuperación de los ingresos de la
población. Esta plataforma se agotó entonces y el Partido Socialista se negó a
aceptar las exigencias de la izquierda de que su apoyo al gobierno se
correspondiera con la recuperación de los derechos laborales perdidos
(imprescindible para corregir el prolongado estancamiento de los salarios
medios) y la creación de condiciones para la continuidad del SNS (degradado por
la depredación privada).

BF: Por otro lado, Portugal parecía uno de los últimos
países de Europa sin una extrema derecha relevante, pero ya ha irrumpido el
fenómeno de Chega, algo que puede parecer sorprendente en un país cuya
Constitución nace como producto del derrocamiento de una dictadura por parte de
una alianza entre sectores del ejército y las clases populares ¿Cómo es la
extrema derecha portuguesa y cuáles son las causas de su ascenso?

JC: En la actual reorganización de la derecha portuguesa
destacan dos nuevos polos, uno de extrema derecha y otro ultraliberal, que
comparten el mismo programa económico, basado en los beneficios fiscales para
los ricos y la privatización de los servicios públicos. La radicalización del
conjunto de la derecha, heredera de la troika, hostil al Estado social y, en el
caso del partido Chega, abiertamente racista, es un proceso de dimensión
internacional. El mandato de Trump en Estados Unidos ha aportado cultura y
recursos a la corriente que dinamiza esta radicalización. Fue sobre todo esta
dinámica internacional la que impulsó el lanzamiento de Chega.

Bajo este impulso, un puñado de
militantes de grupos de extrema derecha y otros desafectos al PSD (que se
alejaron del partido tras el fin del mandato del ex Primer Ministro Passos
Coelho) se lanzaron a crear el nuevo partido. Los segmentos conservadores de
los partidos tradicionales (PSD y CDS)
pensaron que había llegado el momento de afirmar un programa ultrarreaccionario
y ultraliberal y lograron reunir a su alrededor al lumpenaje político
suficiente para conseguir en poco tiempo una presencia territorial
significativa y absorber el electorado del moribundo CDS, logrando resultados
electorales relevantes en los municipios. Una parte del electorado de Chega
está en las periferias desfavorecidas y proviene de la abstención, pero otra
parte es antiguo electorado ultraconservador o salazarista que se ha cobijado
durante años bajo las banderas de la derecha tradicional. Veremos cómo
resistirá la apelación al voto útil al PSD, pero es una fuerza que ya ha ganado
su propio espacio.

La inmensa mayoría del electorado
portugués no tiene un recuerdo directo de la dictadura y de la guerra, que
terminó hace casi medio siglo. Chega tiene un electorado muy masculino y mayor,
aunque el lado nostálgico de su discurso está mucho menos asumido que el de
Vox, por ejemplo. Es una derecha de machismo agresivo, que explota la tensión
en las periferias, el odio a los gitanos y a los musulmanes, y en general a los
pobres, a los que llama subsidiodependientes”.

En los sectores juveniles, ha sido más
importante el crecimiento de la Iniciativa Liberal,
una derecha de retórica brutalmente individualista y meritocrática”, libertaria
en las costumbres y anticomunista, procedente también de segmentos del PSD y del
CDS. En 2019 se presentó por primera vez y sólo eligió un diputado, pero tiene
perspectivas de crecimiento.

El Bloco enfrenta a la derecha
fragmentada partiendo de su patrimonio común -la política de la troika- y su
furor privatista, que el marco pandémico quedó en evidencia como una amenaza
para el bienestar de la mayoría de la población, cuando el papel del Estado en
la salud, en la educación o en el sostenimiento del empleo relegó al silencio
la propaganda de la derecha.

En cuanto a la lucha contra Chega,
además de exponer los vínculos del partido con sectores de la élite económica
altamente indeseables o con el negacionismo más fanático y peligroso, el Bloco
ha mantenido en la agenda los temas de la migración y los refugiados, el
racismo y la memoria histórica, que nos negamos a disminuir bajo la presión de
un sentido común emergente, violento y revisionista. Es importante la presencia
social de un nuevo movimiento negro, muy juvenil e inspirado en el Black Lives
Matter norteamericano, con el que el Bloco mantiene relaciones muy estrechas.

BF:
¿Cómo afrontan el Partido Social Demócrata (nombre del principal partido de
centroderecha en Portugal) y el resto de la derecha las elecciones?

JC: Hoy la derecha atraviesa un periodo de fragmentación,
con la disputa por el liderazgo del PSD, la desaparición del CDS, la aparición
de un nuevo partido ultraliberal y la fuerte afirmación de Chega, liderado por
un tránsfuga del PSD y que tendrá en Vox al partido del que se inspira más
directamente. Así es como, desde la intervención de la troika, la derecha no ha
podido superar el umbral de un tercio de los votos.

Así, las ambiciones de poder de la
derecha siguen siendo improbables y el ascenso de Chega agrava aún más este
contexto, ya que, por muy definitivas que sean las garantías de los líderes de
la derecha de que los racistas no formarán parte de sus gobiernos, una parte
del electorado de centro”, que oscila entre el PS y el PSD, teme que un voto a
la derecha tradicional acabe por llevar a la extrema derecha a la esfera de
decisión. Por ahora, las perspectivas electorales de la derecha son escasas.

BF: Portugal es un caso excepcional en donde dos
izquierdas, una más filo-soviética (PCP) y otra más vinculada a las tradiciones
radicales que reemergen en el pos 68 (BE), son capaces de consolidarse en pleno
neoliberalismo. ¿Cómo son las relaciones entre ellas?

JC: Las relaciones entre el Bloque y el PCP son distantes.
El PCP tiene una lectura profundamente campista” de la situación mundial, que
lleva al partido a defender regímenes que van desde el PC chino hasta el
putinismo, desde la dinastía siria Al Assad hasta la parte de la oligarquía
angoleña caída en desgracia. En materia de derechos y libertades, pongo algunos
ejemplos de divergencias: el PCP está en contra de la eutanasia o de la
legalización del cannabis, rechaza la paridad de género en las listas electorales,
niega la existencia de un problema de racismo estructural en el país y sólo
tardíamente ha adoptado un amplio programa sobre cuestiones LGBT.

A pesar de estas diferencias,
coincidimos en la inmensa mayoría de las votaciones parlamentarias de carácter económico
o social. Esto podría haber planteado la posibilidad de una articulación
política en los últimos años, pero lamentablemente el PCP siempre se ha negado,
no sólo a reuniones tripartitas con el PS durante la vigencia de los acuerdos,
sino incluso a formas de articulación bilateral periódica que permitieran aunar
esfuerzos y agendas de negociación y movimiento. Por otra parte, los dirigentes
sindicales del PCP se han ocupado en los últimos años de excluir de sus
responsabilidades a los militantes vinculados al Bloco y a otras corrientes
sindicales, hasta el punto de negarse a llevar a cabo debates propuestos por
las minorías de la dirección de la CGTP.

BF: ¿Cuál es el panorama en el ámbito de la movilización
social? ¿Qué luchas y sectores están actualmente a la vanguardia de la
recomposición de un campo antagónico en Portugal, a través del cual la
izquierda puede recomponer una alternativa a la derecha pero también al
social-liberalismo?

JC: La pandemia tuvo un impacto muy fuerte en los
movimientos y luchas sociales. Los sucesivos confinamientos y el aislamiento
social condujeron a una desmovilización generalizada y a la ruptura de los
vínculos con los activistas.

Ha habido luchas puntuales en la
sanidad, los servicios públicos o en profesiones vulnerables como la seguridad
y la limpieza. En los servicios públicos, en particular, se suspendieron varias
huelgas previstas en el marco de la preparación de las elecciones. Todavía es
pronto para valorar la profundidad del efecto de la pandemia en el agravamiento
de un largo ciclo de desertificación sindical y de débil conflictividad social,
que plantea cuestiones difíciles para una izquierda antagonista que
depende de la organización de confrontaciones articulando en los planos
parlamentario y social propuestas movilizadas y con vocación mayoritaria en la
sociedad.

En los últimos meses hay algunos signos
de recuperación en el movimiento por la justicia climática y en la lucha
antirracista y afrodescendiente (que produjo la mayor manifestación durante el
período de la pandemia, asociada a las protestas mundiales contra el asesinato
de George Floyd el 6 de junio de 2020), pero el movimiento feminista no ha
logrado aún retomar el ciclo ascendente que tuvo en el período inmediatamente
anterior al Covid, con una expresión callejera sin precedentes.

BF: Por último, el debate sobre la cuestión europea ha
cobrado una nueva vigencia en la pandemia. ¿Cómo evalúas la situación a escala
europea?

JC: La crisis pandémica profundiza las asimetrías entre
los Estados de la moneda única. Los fondos para la recuperación económica
aparecen tarde, son insuficientes y, en su mayoría, generan nueva deuda. Hay
que reconocer que el tabú alemán sobre la mutualización de la deuda se
ha roto parcialmente. Pero mientras la economía alemana se beneficia de ayudas
estatales masivas, los gobiernos de los países más endeudados se someten
voluntariamente al estrangulamiento presupuestario porque prevén que los
déficits ahora autorizados desencadenarán medidas de austeridad en un futuro
próximo. No fue quebrado el tabú del financiamiento directo del BCE a los
Estados, ni las normas presupuestarias que, crisis tras crisis, se han revelado
contraproducentes. Con estas normas, los recursos financieros ahora movilizados
pueden incluso agravar las asimetrías que ya existen en la Unión, como
demuestra la disparidad entre los planes nacionales de respuesta a la crisis.

Ningún programa de reconstrucción tendrá
suficiente alcance si no incluye la reestructuración de las deudas soberanas
(en particular la deuda en manos del Banco Central Europeo) y la ruptura con
los tratados neoliberales que atacan los servicios públicos y la inversión
estatal.

Brais Fernández es militante de Anticapitalistas y miembro de la redacción de  viento sur

Fuente: https://vientosur.info/la-izquierda-ante-las-elecciones-en-portugal/

La izquierda ante las elecciones en Portugal

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