La derecha que se atomizó en Colón, se asoció y se disgregó sigue sin sumar – Rebelion

Se frotan las manos, especialmente en el
PP que lidera Pablo Casado, tras una lectura rápida de la
última encuesta del CIS (el mismo CIS dirigido por el socialista
José Félix Tezanos, que parece haber ganado ante sus ojos
una credibilidad antes nunca vista). Ahora que el último sondeo les
sitúa con claridad como la fuerza hegemónica de la derecha y
recortando notablemente las distancias con el PSOE de Pedro
Sánchez
, sí creen que Tezanos se está entonando y enderezando
sus predicciones.

Empezaron este año 2020 los populares con un mal
resultado electoral a sus espaldas
, pese a haber mejorado
sus apoyos con respecto a los anteriores comicios. Clamaron contra el
Gobierno que gustan llamar “socialcomunista” y contra todos los
males que prevén que provocará durante su mandato. Y en eso siguen.
Pero por el camino han logrado mejorar su intención de voto y marcar
distancias con Vox, pese a seguir dependiendo de sus votos y sus
exigencias para seguir gobernando en todas las Comunidades Autónomas
cuyo Gobierno presiden, a excepción de Galicia. Sus perspectivas, a
corto plazo, pasan por mantenerse en la línea dura de oposición
hasta que finalice la legislatura ( todos los consultados creen que,
pese a las discrepancias que acostumbran a airear los socios del
Gobierno de Sánchez y Pablo Iglesias, hay Gobierno para rato)
y esperar a que el hartazgo de la ciudadanía tras la pandemia y la
crisis económica pasen tal factura al PSOE y a Unidas Podemos que ni
con la reedición del bloque que concitó la primera investidura de
Sánchez, puedan renovar mayoría y Gobierno.

Los populares tienen ante sí el reto de volver a agrupar
a la derecha, con mayor efectividad que la obtenida tras su foto de
Colón, que proporcionó al respetable mucho más ruido que nuece
s
y consiguió movilizar a una izquierda quizás aletargada en aquel
momento. Pero esta vez no se trata de hacerse sesiones fotográficas
y marcharse a casa, sino de disputar, dentro del centro derecha, una
pelea para atomizar el voto dentro del PP, sin segundas marcas más
ultras ni Ciudadanos que ocupen el centro.

Pablo Casado empezó a sacudirse a Vox en la moción de censura
presentada por la ultraderecha a fin de presentar como alternativa
creíble a su líder, Santiago Abascal. Los de la formación
verde, disparados en las encuestas, decidieron dar una vuelta de
tuerca más al PP y a su líder y hacerse visibles como “la
alternativa” de derechas y sin complejos ante el Gobierno
socialcomunista. Desde el principio en el PP dijeron que no perderían
ni un segundo en ese asunto. Pero las vacaciones estivales debieron
dejar en el olvido aquella respuesta inicial. El caso es que los
populares consiguieron llegar hasta la víspera de la celebración de
esa moción de censura dando la sensación de que el sentido de su
voto era el secreto mejor guardado. Pablo
Casado dijo “no” en la tribuna, pero fue un “no” duro,
frío y agresivo contra un Santiago Abascal que, dicho sea de paso,
se lo puso muy fácil, con una pobre actuación que no obtuvo más
que los votos de sus correligionarios. Por momentos pareció
que Vox iba a dejar caer algún Gobierno autonómico del PP, pero al
final, todo quedó en agua de borrajas
: siguen apoyando al
PP, al que no consiguen superar y están condenados a apoyarlo…¡o
permitir que gobierne su odiada izquierda!

Para los amantes de la historia reciente: Santiago Abascal buscó
el efecto Felipe González con su moción de censura y se fue
con el efecto Hernández-Mancha a cuestas. Del PP dependerá
en lo que queda de legislatura seguir reduciendo a Vox o permitir que
reverdezcan sus apoyos.

Los populares buscan captar o volver a conquistar a sus exvotantes
(hoy decantados por VOX) y seducir también a quienes apostaron por
un supuesto centro liberal, caído en desgracia tras el último golpe
de timón de su ex líder, Albert Rivera. Hoy es Inés
Arrimadas
quien pretende enderezar la nave y ponerla a salvo de
los zarpazos que le propinan tanto desde la derecha como desde la
izquierda: si Pedro Sánchez le hizo “ojitos” para poder
presionar a los nacionalistas e independentistas y conseguir la
mayoría más holgada recibida por un proyecto de Presupuestos, y
después dejar los hipotéticos acuerdos con la formación naranja
para mejor ocasión, Pablo Casado le hizo una cuchufleta en toda
regla al anunciar durante una entrevista que no pensaba consentir una
lista conjunta entre PP y C´s en Cataluña, con todo lo que había
pedido en otro tiempo la unidad bajo unas mismas siglas el líder del
PP. Dicen los populares que “el batacazo que se va a dar C´s en
las catalanas, que se lo coman ellos solitos”, porque en el PP
aspiran incluso a doblar su número de escaños (si bien es cierto
que vienen del subsuelo, electoralmente hablando, con 4 diputados de
un total de 135 de la Cámara catalana).

A Arrimadas, todos parecen hacerle luz de gas, desde sus propios
compañeros y exlíderes de la formación naranja, que hacen
incursiones públicas para criticar la gestión que la catalana hace
de los restos del naufragio que ellos le dejaron, hasta sus posibles
socios de PSOE y PP. Concretamente, los de Casado esbozan una
hipotética operación de fusión por absorción a más corto que
medio plazo con C´s
, mientras que Sánchez no descarta
volver a llamar a su puerta más avanzada la legislatura, cuando su
ruptura con Pablo Iglesias sea ya inevitable.

Con todo, Arrimadas se mantiene e incluso mejora
discretamente su intención de voto
, según las últimas
encuestas publicadas, aunque tiene cada vez más difícil navegar
entre dos aguas sin que una u otra ola gigante haga zozobrar
definitivamente su proyecto. Pero Arrimadas sigue dando muestras de
querer mantener el rumbo, ora votando contra la Ley Celaá, ora
apoyando con el gobierno la Ley de la Eutanasia, frente a una
oposición que está a un paso de tildar de “asesinos natos” a
quienes dieron el sí al nuevo texto legal.

La derecha sigue moviéndose, peleando por un voto que el
ex presidente José María Aznar fue capaz de aunar bajo unas mismas
siglas. No parece que eso pueda ocurrir a corto plazo
, en
tiempos de parlamentos fragmentados y de vetos cruzados. Pero si no
lo consigue Pablo Casado, sus posibilidades de llegar al Palacio de
la Moncloa son más bien escasas, mientras nacionalistas e
independentistas tengan la fuerza y los votos que les concede la Ley
Electoral. Quizás por ello, el último viraje del PP ha
dirigido el timón hacia los votantes desencantados del PSOE
,
a los que llama a votar a la formación de la gaviota, para defender
las instituciones, la unidad de España, etc. Si su maniobra resulta
lo suficientemente convincente y creíble para los votantes de lo que
llaman el viejo PSOE y aquellos que se fueron a VOX optan por el
“voto útil” al atisbar posibilidades de acabar con un gobierno
de izquierdas, Casado puede llegar a ser presidente del gobierno,
pero, por el momento, hay varios condicionantes en su carrera a la
Moncloa. Y todos deberían caer a su favor. En eso está Casado y
esos son los objetivos que ha marcado a su equipo, más allá de
barones díscolos y nuevas estrellas rutilantes, como la madrileña
Isabel Díaz Ayuso, que siendo su apuesta, llega a “hacer
sombra al líder”, según los más casadistas del lugar, en su
empeño por ir “a su bola” y ser la nueva musa de la derecha más
cañí. Con ese cóctel tendrá que brindar o no, pero recibir el
nuevo año el líder del PP y toda la derecha que aspira a borrar del
mapa al Gobierno “socialcomunista”.

Fuente:
https://www.cuartopoder.es/espana/2020/12/29/la-derecha-que-se-atomizo-en-colon-se-asocio-y-se-disgrego-sigue-sin-sumar/

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