Juicio Vivotecnia: defender lo indefendible

Durante el mes de abril de 2021, tras destapar en este mismo espacio la investigación de Carlota Saorsa en el laboratorio Vivotecnia de Madrid, las reacciones desde la comunidad de experimentadores fueron escasas pero unánimes. Por citar solo una, la Asociación Europea de Investigación Animal (EARA) declaraba que lo que mostraban las imágenes eran “ejemplos inaceptables aplicados a una serie de especies animales diferentes”. Se les llenó la boca de “indignación y total rechazo” y se apresuraron a señalar que se trataba de casos aislados y jamás del día a día de la experimentación en animales.

Unos meses más tarde tuve el privilegio de participar en representación de El Caballo de Nietzsche en un foro sobre los problemas éticos de la experimentación con animales. Durante una de las pausas, un defensor a ultranza de estas prácticas me comentaba que el vídeo de Vivotecnia había escandalizado mucho a la ciudadanía pero que, en realidad, esto es lo que se hace en los laboratorios: “Si la gente viera en directo las operaciones a seres humanos, también se asustaría”.

Volveré a este punto al final del artículo, pero la primera parte del argumento ya resulta extremadamente reveladora y es de agradecer la sinceridad de mi interlocutor al admitir lo que ya sabíamos: que la experimentación con animales es sufrimiento y no hay forma de evitarlo, pues consiste precisamente en eso, en enfermar a los individuos y en llevarlos al límite para analizar sus respuestas físicas y psicológicas, y, finalmente, matarlos.

Declaraciones de Carlota y pericial veterinaria

Como sabemos, la verdad objetiva no tiene por qué coincidir necesariamente con la verdad judicial. El complejo proceso de Vivotecnia sigue su curso y debemos estar preparadas porque van a pretender hacernos creer que el maltrato que vemos a través de la cámara de Carlota es, como decía mi interlocutor tomando café, algo perfectamente legítimo, habitual y amparado por nuestra legislación. El juicio se encuentra en la fase de instrucción y cabe la posibilidad de que el caso se archive para algunos de los investigados. Estaríamos ante la enésima tomadura de pelo a la ciudadanía en todo lo relacionado con Vivotecnia.

La actitud del laboratorio ha cambiado radicalmente. La “preocupación” inicial parece haberse diluido y allí siguen trabajando prácticamente las mismas personas, que siguen realizando los mismos procesos. No se trata de evitar el mal, se trata de defenderlo y de ocultarlo para que no se vuelva a filtrar.



Como supimos por los medios, Carlota Saorsa declaró hace ya algunos meses y explicó en detalle en sede judicial el contexto más amplio que rodea a las imágenes que ella misma grabó durante más de un año. Pongo a continuación solo algunos ejemplos:

  • Animales a los que los responsables mantenían en el estudio y negaban la eutanasia a pesar de estar sufriendo. No se hacía nada para paliar este padecimiento. Si al día siguiente seguían vivos, se continuaba experimentando en ellos.
  • Conejos que se mantenían con vida hasta el final del estudio con la columna partida, para evitar bajas.
  • Eutanasias sin sedación o sin esperar a que la misma hiciese efecto.
  • Extracciones de sangre de los ojos sin anestesia ni sedación.
  • Ratones y ratas que se quedaban ciegos o perdían los ojos por las lesiones producidas por dichas extracciones. Al no estar sedados, los animales se movían más y la técnica era mas agresiva y dolorosa.
  • Anestesiar, o no hacerlo, respondía a las órdenes de la persona que dirigía el estudio.
  • Prácticas que debían hacerse post mortem pero que se probaba a realizar con animales vivos por orden de la persona responsable del estudio.
  • Prácticas con primates en las que todo eran risas y burlas, a la vez que vejaciones a los animales y manejo con agresividad y golpes.
  • Manipulación de datos en los estudios, como es el caso de la perra a la que se dejó desangrarse durante horas antes de eutanasiarla y reemplazarla por otro animal.
  • Inexistencia de un comité ético en la empresa.

 

Hemos sabido, por fuentes cercanas al proceso, que también se han producido ya las declaraciones de gran parte de los peritos, entre ellos la pericial de la veterinaria de la UCOMA, Unidad Central Operativa de Medio Ambiente de la Jefatura del SEPRONA. En este informe se confirma que hay 15 escenas de los vídeos en las que se aprecian “indicios de prácticas compatibles con el maltrato animal”.

También se detectan en el informe pericial manipulaciones que causan sufrimiento añadido al animal, así como omisiones de atención a los animales, prolongación innecesaria del procedimiento, utilización de técnicas de entrenamiento incorrectas y mantenimiento de los animales en condiciones inadecuadas. Parece que la sensibilidad de la ciudadanía no está tan alejada de los hallazgos de los expertos en este campo.

Matar al mensajero

El responsable máximo de Vivotecnia, Andrés König, y la primera persona contra quien se dirigió la querella, no ha sido aún llamado a declarar como investigado. Sí se ha visto obligado a prestar declaración el personal responsable del laboratorio, como es el caso de una de las directoras de algunos estudios de los que proceden las grabaciones. La estrategia es sostener, empleando muchos tecnicismos, normativas y números de experimentos, que lo que para el resto del mundo es maltrato sería una conducta perfectamente defendible y, sobre todo, legal.

Matar al mensajero es una forma clásica de evadir responsabilidades; echar la culpa a los subordinados -especialmente a la testigo protegida- también ha sido una estrategia de la defensa. Únicamente a modo de ejemplo, que sonroja a cualquiera que tenga un mínimo de conocimiento sobre etología canina: se llega al extremo de negar que el perro que giraba sobre sí mismo en la jaula, rayando las paredes en un angustioso movimiento en bucle, sufriese de una gravísima esterotipia. Esta conducta, que se identifica con situaciones de estrés crónico sostenido en el tiempo, así como con estados de dolor, se justifica diciendo que había “perras en celo cerca”. También se afirma que los conejos se rompían la columna porque se trata de un animal con una columna vertebral muy delicada y débil.



El tiempo no cura nada

El hecho de que haya pasado más de un año y de que los medios ya no hablen de Vivotecnia no hace que el vídeo resulte menos insoportable ni mitiga el sufrimiento de aquellos animales.

El hecho de que la defensa se esté centrando en intentar hacer creer que se trata de situaciones aisladas sacadas de contexto dentro de procesos necesarios, no impide que seamos capaces de detectar el padecimiento, la crueldad y la violencia gratuitas que se ejercen contra esos animales.

El hecho de que el laboratorio de los horrores siga siendo contratado por entidades como el propio CSIC o como la Fundació Parc Científic de la Universidad de Barcelona no ha conseguido que olvidemos las miradas de los animales de Vivotecnia, sino todo lo contrario.

El hecho de que sigan padeciendo y muriendo, en este mismo instante, animales en ese y en todos los laboratorios y el hecho de que los propios empleados y empleadas que salen en los vídeos sigan ejerciendo como si no hubiera pasado nada, solo aumenta la indignación ante un sistema que se sabe impune.

Mercaderes de la duda

El laboratorio se sigue embolsando cientos de miles de euros, muchos de dinero público, y continua con su actividad, en el CSIC, en el Parc Científic de Barcelona y en otros organismos públicos. Algunos han dicho que se ven “obligados” a contratar a Vivotecnia, no porque sea la mejor alternativa para estos centros, sino porque en la Administración Pública ganan los concursos las empresas que presentan las ofertas más baratas, aunque no sean las que ofrecen las mejores garantías de servicio. Y yo me pregunto, ¿qué ha pasado y puede estar pasando en otros laboratorios gestionados por Vivotecnia?; ¿cómo es posible que, ante imágenes como las difundidas, no existan medidas que impidan a Vivotencia seguir con su actividad mercantil?

Ahora no nos queda más que esperar a que la justicia no sea totalmente ciega y a que la verdad que nos obliga a cerrar los ojos, porque no podemos soportarla, no se convierta en material para los mercaderes de la duda.



Nos queda también la esperanza ante las alternativas a la experimentación con animales. Que las y los investigadores jóvenes reconozcan lo insostenible de estas prácticas, tanto desde el punto de vista ético como científico. Que las editoriales especializadas empiecen a comprender lo anacrónico de exigir experimentos con animales para publicar estudios en sus páginas. Que la clase política sea valiente y aplique lo que la legislación europea ya contempla.

No quiero terminar este artículo sin volver a dar las gracias a Carlota y a todas las personas que antes que ella se han infiltrado para sacar la verdad a la luz. Porque sin ella, sin todos ellos, sin su valentía y su empatía, la sociedad jamás hubiera sabido lo que ocurre día a día dentro de los laboratorios. Carlota, no estás sola, y nunca lo estarás.

Y no, señor defensor de la experimentación en animales, cuando vemos imágenes de operaciones a seres humanos nos pueden impresionar, pero somos perfectamente capaces de distinguir entre una situación en la que el sujeto ha dado su consentimiento y está sedado, y la pura crueldad contra los seres indefensos, desamparados y totalmente vendidos que vemos en los vídeos de Vivotecnia. Pueden intentar defender lo indefendible, pero dejen de tomarnos por idiotas.

Petición de firmas de Cruelty Free International sobre Vivotecnia

 

https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/juicio-vivotecnia-experimentacion-animal-ciencia-justicia-carlota-saorsa_132_9071299.html

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