Gonzo: "Los periodistas a veces fallamos, pero también la ciudadanía, que se da por satisfecha"

Estrena tercera temporada del Salvados post-Évole en Kabul, donde entrevista a ministros talibán, a periodistas amenazadas y a un pueblo que se siente traicionado por la comunidad internacional y temeroso de que la prensa extranjera deje de mirar. Fernando González, Gonzo, (Vigo, 1976) prepara 10 nuevas entregas de un formato que lleva en antena desde 2008 y que este invierno entrevistará a Greta Thunberg y emitirá un especial sobre las eléctricas. En la entrevista reflexiona sobre el momento que vive el periodismo y la televisión. Defiende que hoy en día «la independencia periodística se demuestra más con el IBEX que con los gobiernos» y lamenta que la sociedad no exija más al periodismo y a las televisiones. Recuerda que hace once años, cuando nació Salvados o el Intermedio, otras cadenas tenían programas satíricos o críticos que hoy serían imposibles y avisa: «Si una cadena consigue el mismo dinero sin molestar al poder, lo hará, es legítimo, lo que me jode es que los ciudadanos no lo reclamen».

¿Quedan periodistas en Kabul ahora que Afganistán ya no está en las portadas?

Quedan algunos de agencias internacionales pero no los que hubo entre el 15 de agosto y el 10 de septiembre. De hecho, es la gran preocupación de la gente en Afganistán donde te dicen que mientras haya periodistas extranjeros podrán estar medianamente tranquilos. «Cuando os vayáis, esto ya vuelve a ser lo que lo que quieren los talibanes», te repiten. Ellos sienten pánico y es normal: ahora mismo el régimen talibán vive un periodo de marketing y propaganda. Pero es cierto, cada vez hay menos periodistas y cada vez hay menos hueco en los medios para lo que pasa allí y ese es el temor de ese pueblo.

¿En qué se nota esa propaganda cuando uno llega allí a hacer un reportaje para una tele española?

Pues de entrada no hubo ningún problema para conseguir el permiso, el tali-permiso, porque la particularidad de Afganistán es que para conseguir el visado tú vas a la embajada de aquí, pero, claro, son funcionarios del anterior gobierno. Y con eso allí no haces nada, lo que pasa es que si no tienes ese visado, Pakistán no te permite llegar a la frontera. Y luego allí el permiso lo conseguimos rápido. Te lo explico mejor: para cruzar el paso de Torkham, que es la frontera entre Pakistán y y Afganistán, una carretera que une las dos capitales, estuvimos dos horas y media: dos horas y cuarto con los pakistaníes y 15 minutos con los talibanes. Con los talibanes fue enseñar el papel, preguntarnos si éramos periodistas españoles y ya para dentro. Una vez allí, pudimos trabajar con tranquilidad. Mónica Bernabé, la periodista del Diari Ara que vivió allí ocho años y lleva 21 yendo a Afganistán, lo destaca en el reportaje. Nunca trabajó tan fácilmente en Afganistán como ahora, ni siquiera durante la ocupación. Había muchos más controles, más zonas de la ciudad donde no se podía ir. Entrevistas a un ministro talibán y le puedes preguntar si hay terroristas en su gobierno y no le dice al de al lado «pégale dos tiros a este». Ellos están en un proceso de propaganda que a mí me llama mucho la atención, porque si ellos te permiten ir ahí, lo que te permiten es ver cómo está el país. Y no hay nadie en el país que esté a gusto con la situación, aunque luego hables con los talibán y te vendan una imagen muy naif de lo que son. Te encuentras con ellos por la calle y si eres periodista hasta te piden una foto, te quieren hacer ver que no son los monstruos que se dice que son. Pero cuando hablas con los afganos, incluso con periodistas afganos, te das cuenta de que son esos mismos monstruos.

¿Y esto cuánto va a durar?

¿La parte propagandística? Ellos lo necesitan, sobre todo por lo de siempre, que es el dinero. Ahora mismo la comunidad internacional no reconoce a este gobierno y por tanto, los bancos donde tienen sus reservas en el extranjero les tienen bloqueadas las cuentas. Y esto hace que el gobierno no tenga acceso al dinero. Prácticamente viven de lo que se sacan del comercio del opio y no hay fondos para sanidad, ni para educación: si quieres ir a un hospital lo tienes que pagar de tu bolsillo. Y por otra parte, los bancos han hecho un corralito. Como no tienen acceso a sus reservas en el extranjero, van dando gota a gota el dinero. Allí no hay tarjetas de crédito, no funcionan los datáfonos, no existe eso. Entonces los ciudadanos solo pueden tener 200, sólo pueden sacar 200 euros a la semana. Y no llega para mantener una familia. Y a esto hay que sumarle que no hay trabajo. El trabajo en la ciudad estaba en los servicios para gobiernos extranjeros, para ONG… toda esa gente ya no puede ir a trabajar, las mujeres ya no van a trabajar, la universidad está paralizada, entonces no hay actividad económica en la ciudad. Hay dos cosas que los limitan: por un lado necesitan acceder a las reservas en el extranjero y por el otro lado no pueden facilitar rebeliones internas, que es lo que empieza a haber. Pero cuando la gente vea que su vida no va a poder seguir adelante, empezarán a apoyar a los insurgentes. ¿Hasta cuando? No se sabe porque la comunidad internacional… Estados Unidos se ha vuelto a sentar con ellos. Por ahora tienen el reconocimiento de Qatar, que tiene embajada allí, de China y de Rusia, pero el dinero no lo tienen todo en bancos de esos países. Habrá que ver cómo actúa la comunidad internacional, que yo creo que aprovechará también que se deje de hablar de Afganistán para empezar a reconocerles por detrás ciertas cosas porque es un país geopolíticamente muy interesante y si se deja en manos de Rusia y de China, Occidente pierde el control sobre una parte muy importante del mundo.

En los adelantos que se han visto del reportaje, preguntas a una mujer periodista qué puede pasarle al ir o volver del trabajo y ella te hace el gesto de que le pueden cortar el cuello. ¿Eso está pasando?

Sí, sí. Se han cargado a periodistas. No sólo mujeres, también hombres. Hay un grupo mediático allí que es Tolo TV, es una cadena conocida que se montó durante sus años de ocupación y para ellos es como la representación del mal. Son los infieles que han tenido un canal de comunicación. Todos los que han trabajado allí para ellos son agentes enemigos. Nosotros pudimos hablar con el presentador, el Jesús Vázquez de allí, y luego nos pidió que no emitiésemos la entrevista porque se arrepintió. Vive escondido, han azotado a su hermana… Lo ves en el hotel, pones los canales de televisión y solo hay señores hablando sobre el Corán, sobre el Islam o planos fijos de mezquitas. Para ellos los periodistas son uno de sus principales objetivos y ya están tomando represalias.

¿Y qué os ha contado a pie de calle la gente sobre la comunidad internacional y su papel en Afganistán en estas últimas dos décadas?

Básicamente, dicen que los traicionamos y que durante los años de la guerra en que hubo un descontrol brutal se favoreció la corrupción, se puso en el poder a gente que había hecho mucho daño en Afganistán. Los señores de la guerra no son bien vistos por la población y eso ha servido también para que en muchas zonas se apoyase esta sublevación de los talibanes. Estados Unidos ha matado a muchos civiles en sus ataques con drones.

Entonces la sensación es un poco contradictoria: si tú hablas con gente de clase media de Kabul, por ejemplo, están súper agradecidos porque sus hijos pudieron ir a la universidad, la mujer pudo trabajar, podían vestir como occidentales. Pero si sales de Kabul y hablas con gente de los pueblos, te dice que se les ha traicionado desde el principio, que el dinero que tenía que llegar a los proyectos que les habían prometido no llegó, que se quedó por el medio. Y sobre todo, que se recompensó a gente que tras echar a los soviéticos se lanzaron al pillaje y el destrozo de toda la ciudad. Cuentan que cuando llegaron los muyahidines reventaron Kabul y saquearon todo lo que pudieron y que la comunidad internacional puso a esos mismos años después al frente del gobierno. Es una sensación de traición permanente, pero que ahora se hayan ido como se han ido y que ni siquiera hayan sacado a la gente que les ayudó durante estos años… Porque la evacuación fue atropellada y se pudo haber hecho mucho antes… Lo dicen siempre: «aquí en Afganistán todo el mundo se acuerda de lo suyo, menos de los afganos». Eso está presente siempre cuando hablas con la gente.

Y aparte de tutearte, ¿Qué dice Obama de todo esto?

¿Me tutea? Me llama por ni nombre: «Fernandooo». Lo de Obama fue una suerte, ya llevamos tiempo detrás de él. Suerte poder tenerlo en el programa, pero insatisfacción porque lo que quieres es tener una entrevista normal y él está en promoción de un libro con Springsteen y lo que conseguimos es entrar en una videollamada con otros seis medios. Sólo puedes hacer una pregunta que pasa filtros. Al final casi resultó más complicado pasar una pregunta al ex líder del mundo libre que a un talibán… Bueno, cada uno está en su momento también y eso lo determina todo. Pero lo que le preguntamos es sobre el concepto de la América vigilante de la democracia en el mundo para saber si sigue presente. Y la respuesta… Pues lo que es un presidente norteamericano que reconoce algún error, pero sobre todo habla de lo bueno de Estados Unidos. Y ver todo lo que se ve en el reportaje, pues sirve para complementar su respuesta. No tenemos derecho a repregunta, pero lo bueno es que hemos tenido la posibilidad de meterlo en un contexto donde interpretar esas palabras de Obama va a ser más fácil.

¿Teníais la sensación vosotros, al volar a Kabul, que estabais yendo a un sitio que nos queda informativamente muy lejos después de todo lo que ha pasado con lo rápido que va todo ahora?

Teníamos la sensación de que íbamos sobre zona pisada y eso también nos motivó a ver cómo lo enfocábamos. No podíamos contar lo que se llevaba contando desde el 15 de agosto sabiendo que emitíamos el 24 de octubre. Pero esa sensación se te olvida al llegar allí, porque te vas dando cuenta de que muy poca gente estuvo tantos días como nosotros y, sobre todo, que podemos hacer un programa de una hora sobre Afganistán y eso prácticamente no se había visto. Llegamos un poco más tarde, pero cuando sigue teniendo interés. Al hacer un programa como Salvados, que prepara los temas con antelación, la primera pregunta que nos hacemos es si dentro de un mes y medio seguirá interesando. Y normalmente la respuestas es no. Este lo tenía.

Tal vez permita una mirada más reposada sobre algo que sigue ahí: que los periodistas hayamos dejado de mirar o que lo situemos en espacios informativos menos relevantes no quiere decir que el problema haya pasado. Ha pasado la moda periodística, pero no el problema.

Claro, es que esa es la cuestión, la moda periodística. Se aprovecha más que la atención del público, la sorpresa del público. Hay muchas noticias que cuando se convierten en el tema de la semana es porque sorprenden. Y lo de Afganistán sorprendió. Hacía años que no oíamos hablar de Afganistán y de repente lees que los talibanes conquistan otra provincia, que están cerca de Kabul, que no llegarán hasta… y de repente cae Kabul.

Y que caiga una invasión americana, porque ha sido un nuevo final de Vietnam, pues es algo sorprendente, pero duró 10 días. También desde la política se hace por cerrar esto rápido. El acto en Torrejón de Ardoz de Pedro Sánchez con los cabecillas de la Unión Europea diciendo esa frase de «la evacuación ha sido exitosa», a mí me recordó a cuando George Bush en aquel portaaviones dijo «hemos ganado la guerra en Irak» y la guerra ha seguido tres años después. A veces los medios seguimos la agenda que quieren ponernos desde el poder. Y aquí ha pasado: se consideró que España ya no tenía interés allí porque habíamos evacuado a todos. Pues no, no habíamos evacuado a todos, no se hizo bien la evacuación. Está muy lejos de haber sido un éxito. Es más, puede llegar a ser insultante para los que quedan ahí decir que su obra ha sido un éxito. Dicho esto, toda la gente con la que hablamos allí nos decía que sabían que se está haciendo todo lo posible. Pero pedían por favor que se haga más rápido.

Pero es lo que decíamos antes, sí llega el volcán de la Palma y de repente, por lo menos en televisión, que es mi medio, todos pasaron por allí. Hay una necesidad de aprovechar la sorpresa y la audiencia es hoy y mañana igual no es. Todo va muy rápido. ¿Qué acaba pasando? Que yo creo que no te acabas enterando de nada.

Es como si se hubiera impuesto un consumo bulímico de la información. Hoy Kabul no existe, pronto no existirá el volcán de La Palma, como no existen los niños de Ceuta que en agosto lo copaban todo. ¿Cómo se debe responder a esto?

Yo puedo decir cómo respondemos dentro de Salvados. Tenemos un debate interno porque nosotros hacemos un programa en una cadena generalista que te pide audiencia. Y si la semana de la explosión del volcán tú haces un programa sobre el volcán, sabes que tienes audiencia. Pero si hacemos lo que hacen todos los demás, dejamos de ser Salvados porque este programa se ha diferenciado mucho por traer temas que no estaban en la agenda o por recuperar temas que ya habían pasado. Entonces, si lo hacemos, tenemos que hacerlo de otra forma. Lo que intentamos es que el enfoque vuelva a despertar interés y vuelva a hacerle sentir al espectador que es útil para él ver eso. Ya no sólo porque se esté informando y sepa de lo que va a hablar todo el mundo y de lo que ve en redes sociales, sino porque le aporta algo que para su propia vida, para sus propias decisiones.

Yo estoy muy orgulloso de un programa como los menores no acompañados que hicimos en Melilla o el de la ruta de Senegal a Canarias. Lo haces sabiendo que son programas que no van a tener mucha audiencia. Pero es que si renuncias a eso, renuncias al periodismo y sobre todo, traicionas a esa audiencia que sí se mantiene ahí contigo. Entonces la lucha es complicada: en la tele cuando hay algo de periodismo es en los informativos y las tertulias y ahí todo va muy rápido y las piezas son muy pequeñas. Y si no tienes tiempo para dar contexto, lo que necesitas son temas sorprendentes que generen interés. Y las redes sociales, incluso los digitales, en este sentido ayudan mucho: tú te levantas y abres el ordenador y empiezas a ver temas, temas, temas… Yo creo que eso genera una forma de pensar que es adictiva, que uno necesita enterarse de todo lo que pasa y ya no se para a profundizar porque si no, igual se está perdiendo cosas que están pasando. Yo creo que lo que tenemos es una falta de información por sobreinformación probablemente. De hecho creo que ni se puede utilizar el término sobreinformación porque no es que esté sobreinformado, está mal informado, probablemente.

Está esa metáfora de la sobreinformación como las inundaciones donde paradójicamente lo primero que falta es agua potable. Este fluir de la información tan frenético ha llevado a algunos asesores de políticos a concluir que el pasado y la hemeroteca no importan. Que nadie recuerda más allá de 150 tuits. ¿Hasta qué punto esta forma de consumir o distribuir información no es una forma de blindar a quienes nos gobiernan?

Es una victoria para ellos porque si no hay pasado, no hay memoria. Y si no hay memoria no puedes evaluar cuatro años, que es lo que suelen durar las legislaturas en un país. Si esto lo proponen desde la política, lo que deberíamos hacer los periodistas es poner una barrera. ¿Que los periodistas lo estemos haciendo mal? Pues probablemente porque es más fácil seguir y acudir a todas las convocatorias y seguir todas las miguitas que te sueltan desde el poder, porque eso te garantiza llenar tu espacio, lo que hace que la gente te vaya a ver. Más fácil eso que decir que este tema no te interesa y que quieres volver a hablar de esto otro y si no te hablan, tienes que dedicarle tiempo y tiempo… Y entonces ese espacio que necesitas rellenar para vender tu producto, ya no lo tienes. El ciudadano parece que ha aceptado la propuesta del poder que estamos catalizando los periodistas. Y eso abona las coberturas de brocha gorda y ahí entran las fake news. Esta mañana leía sobre el Louis Vuitton de Irene Montero [una noticia falsa difundida en las redes sociales]. Lo ves y como ya sabes que está saliendo otra noticia, no compruebas si eso es real o no. Al final es el mito de la caverna y tú lo que estás viendo son las sombras básicamente. Y a veces lo que se necesita es apagar la hoguera para ver bien. Yo creo que es cierto que los periodistas en algo fallamos, pero también falla la ciudadanía que se da por satisfecha con la simple sensación de poder llegar al bar y decir «sí, he leído esto, he visto esto o lo he escuchado». Saber qué pasa en el mundo requiere de reflexión y de tiempo.

En esta nueva temporada entrevistas a Greta Thunberg y hacéis un programa sobre las eléctricas. Los medios a veces nos empeñamos en defender nuestra independencia zurrando al político de turno. ¿La independencia se demuestra más con las grandes empresas?

Hoy en día es mucho más fácil que una gran empresa condicione la línea editorial de un medio a que lo haga un gobierno. Esto lo vemos en nuestro país perfectamente. Es más, creo que hoy en día una empresa tiene más posibilidades de condicionar la legislación de un gobierno, que al revés. Es más fácil eso que que un gobierno condicione las actividades de las empresas. Y en un medio que se nutre de la publicidad, al final quien tiene una capacidad potente de presión es el anunciante y en ese sentido las eléctricas, por ejemplo, son expertas. Nosotros lo hablamos en el programa, lo de las plumas mercenarias, lo de las mentiras que se cuentan en las tertulias y que siempre van hacia un lado. Hay un concepto que se ha generalizado, que es el hachazo a las eléctricas. Hostia, yo no he escuchado nada del hachazo a los ciudadanos. Cuando Salvados ha hecho programas en que se critica o se pone luz sobre una actividad de una empresa o sobre lo que no hace, en nuestro equipo tenemos que debatir más sobre cómo exponerlo, cómo no, porque tienen una capacidad de presión potente. Sí, la independencia periodística se demuestra más hablando sobre empresas del Ibex que sobre los gobiernos.

Y en este contexto hacer un reportaje de las eléctricas, ahora mismo, ¿cómo ha sido de fácil?

No ha sido fácil. Ellos no quieren hablar. Ninguna de las grandes eléctricas nos ha puesto ni al presidente ni al CEO ni a ningún portavoz. La patronal tampoco. El Gobierno no quiso. La vicepresidenta tercera, Teresa Ribera, no nos dio entrevista. Lo que pasa es que no podemos aceptar con la vicepresidenta tercera lo de poner un cartel explicando que no nos quiso atender. Así que la fuimos a buscar y por lo menos cuatro o cinco minutos nos tuvo que atender. Cuando en un programa como este hay tanta gente que no te quiere atender, has de buscar ejemplos de lo que pasa y también de lo que podría pasar. A mí lo que me gusta del reportaje de las eléctricas es que vamos un paso más allá y queremos ver si hay una posibilidad de que el consumidor o el ciudadano dependa menos de las eléctricas para conseguir electricidad en su casa. Y comparamos un pueblo como Ricobayo, en Zamora, donde les han fastidiado el verano porque les han vaciado el pantano y es la principal actividad económica que tienen allí, el turismo, que gira en torno al pantano. Y luego nos hemos ido a un pueblo en Alemania, donde ganan dinero con la electricidad y el autoconsumo está promocionado, incentivado y a veces hasta financiado por el gobierno. Y dices, «si todos estamos en la Unión Europea y aquí muchas veces nos dicen que la Unión Europea no nos permite hacer ciertos cambios, ¿cómo puede ser por lo que Alemania gane dinero con la luz de forma parte ecológica con renovables y a un pueblo de España le jodan su principal actividad económica en verano?».

¿Has dicho que la patronal tampoco ha querido hablar? No es llamativo que la patronal, que representa a empresarios víctimas de subidas de la luz…

Me refiero a la patronal eléctrica, es la que no quiso hablar. Sí hablamos con empresarios particulares que tienen negocios y a los que esto les están machacando la vida.

Hablas de pequeños negocios. Que las organizaciones empresariales no hayan dicho ni mu… Es como si solo le molestasen los costes cuando son nóminas. Es de suponer que la subida de la luz influye tanto o más en el balance de resultados que la subida del salario mínimo.

Es que la reforma del sistema eléctrico, yo creo que ahora mismo es tan importante casi como la reforma del mercado laboral. Es que el poder adquisitivo ya no solo de los ciudadanos, es que está teniendo un problema muy gordo y no sólo en España, con el precio de las materias primas y con el tema de la energía. Que la patronal no quiera meterse ahí lo que hace ver es otra vez el poder de las eléctricas. Ni el poder político ni el poder empresarial ni muchas veces el poder mediático es capaz de hacer frente a las eléctricas. Es que los tentáculos de esta gente llegan lejos.

Llevas un par de temporadas ya, ¿cómo está siendo sustituir a Évole?

Todo eso se da más hacia fuera que hacia dentro. Yo no estoy todos los días pensando que estoy sustituyendo a Jordi, lo pensé cuando acepté y pensé si ser el sustituto de Jordi podía ser un obstáculo o un peso demasiado potente como para que la gente se fijase en Salvados obviando esas comparaciones. Pero luego ves que todo pasa muy rápido. Es un peaje temporal que en algún momento dejará de existir. Es complicado porque sabes que van a comparar, porque tú coges un programa que ya existe y entonces es inevitable mirar hacia atrás y ver si está funcionando mejor o peor, si los programas tienen más o menos calidad, incluso si esto se ha hecho o no se ha hecho. Pero por otro lado, me monto en un tren de primera clase que va sobre la vía, que funciona, que es lo más difícil de un programa, y además es que sigo en la misma empresa. Jordi es el productor ejecutivo y si un día le digo que no sé cómo enfocar algo, él me va a ayudar porque además es el productor ejecutivo. Eso que puede parecer que es un hándicap, para mí es un beneficio. De lo que se pueda opinar fuera intento aislarme.

Pudiera parecer una presión adicional sustituir a un periodista que hace un programa tan de autor y que además se queda como tu jefe.

Sí, son esas cosas que hay alrededor de algo muy gordo que es poder presentar Salvados. Vamos a ver, yo me dedico a esto, me gusta hacer esto, me dan la posibilidad de hacerlo a lo grande, es que sería gilipollas diciendo que no. Me ha supuesto un cambio de vida importante a nivel personal: la oficina está en Barcelona, cuando grabo estoy muy poco en casa y he dejado de trabajar con gente que ya eran mis amigos en El Intermedio. Pero es si dijese que no, me estaría tirando de los pelos toda la vida. Sí, hay circunstancias muy raras, pero la principal es que puedo hacer reporterismo y entrevistas a un nivel que en televisión es imposible. ¿Cómo voy a decir que no?

¿Por qué es imposible? ¿Por qué no hay más programas como Salvados en la tele? Hay muchas cadenas.

No será porque no funcionan bien ni porque no den prestigio o rendimiento. No sé, habrá cadenas que lo que no quieren es tener que aguantar llamadas todos los días… La televisión ha cambiado mucho, este programa empezó hace 12 años, como El Intermedio, todo empezó en una época en la que Cuatro tenía un programa satírico, Telecinco tenía un programa satírico… La Sexta llegó a tener el Caiga quien caiga, El Intermedio y Salvados a la vez. ¿La respuesta a tu pregunta? Yo creo que cada vez el poder tiene más controladas las decisiones que pueden tomar los grandes medios de comunicación y es que yo sé las presiones que reciben, lo incómodo que es para un director de cadena o para un director de antena que vayas a hacer una entrevista o que pilles un político en la calle y que hagas unas preguntas… Pues les llaman y les presionan. Y si se puede conseguir el mismo dinero sin molestar y sin que te estén presionando todo el rato, pues muchos decidirán ir por ahí… Lo que me jode es que los ciudadanos no los reclamen más, esos programas funcionaban y eran de interés. Salvados en su época de más éxito coincide con el final del bipartidismo. Es un programa que yo creo que fue parte de ese boom que hubo en la postcrisis, como el 15M o la aparición de los nuevos actores políticos. Eso es beneficioso para la sociedad. Si no los ponen pero tampoco se reclaman esos programas, es que es legítimo, las cadenas están haciendo dinero y si lo pueden hacer sin tanta presión. Y últimamente ni siquiera se nota porque hoy la información, por lo menos en televisión, ha dejado de ser un reclamo, al menos para grandes audiencias.

Si Gonzo hiciera periodismo fuera de la tele, lo haría distinto. ¿La tele exige un punto de espectacularizar, de que si no hay imágenes impactantes, la gente se va?

Sí, el canal muchas veces es parte del mensaje que tienes que dar. Yo creo que sería distinto periodista, imagino que hubiese seguido en la radio, es el único medio en el que me veía y es distinto, básicamente porque no tienes la capacidad de llegar a cosas como las que te permite la tele. Creo que sería peor periodista, no lo sé, supongo que no hubiera tenido la oportunidad de hacer las cosas que he hecho gracias a la televisión.

Y cuando cuando uno ve lo que viene detrás, los hijos con las pantallas todo el rato a los que les costará poner la tele convencional, supongo… ¿Qué opina del futuro del sector?

Pues que hay que adaptarse. Me he abierto un canal de Twitch porque el periodismo no es exclusivo de radio, prensa y televisión, lo fue en un momento, pero es que ahora no lo es. Hay otras formas de comunicar y de llegar a la gente. Cuando montaron Twitch en casa, que te colocan dos ordenadores, una pantalla, una cámara con el foco LED y todo los aparatos que instalan, llegaron mis hijos del cole y la mayor, Noa, que ya tiene diez años y siempre ha vivido con su papá haciendo tele, vio todo eso y me dijo: «¿Ahora te vas a hacer Youtuber?». Le dije que Youtuber no, pero parecido. Y entonces mi hija respondió: «Así que ahora vas a ser famoso». Y ahí sí vi que si para mi hija que ha visto desde que nació que me paran por la calle, que piden fotos, que los amigos del cole le dicen me han visto en el Ipad de sus padres, pues resulta que para ella ser famoso es ser Youtuber. Ahí entendí que había que estar. Pero esto siempre ha sido un poco así: le pasó a la prensa cuando apareció la radio, le pasó a la radio cuando apareció la tele y a nosotros también nos iba a pasar. Hay que saber adaptarse y es una competencia muy potente porque da mucha autonomía al espectador.

¿Y el siguiente proyecto cuál es?

Pues justo estos días hemos estrenado un podcast también, se llama Falsos Culpables, sobre condenados que se demostraron inocentes… Estoy con el Twitch arrancando, pero lo nuclear es poder hacer Salvados muchos años. También me he puesto a dirigir un documental sobre María José Carrasco, Ángel Hernández y la ley de eutanasia. Ellos cambiaron la historia de este país. Lo hemos presentado internacionalmente y tenemos ya varios compromisos de compra. Así que si tenemos pasta, ganas y un guion, pues vamos a hacerlo. Contamos con todo el archivo audiovisual de Ángel, que era técnico audiovisual de la Asamblea, y María José Carrasco era secretaria judicial. Entonces uno sabía muy bien cómo contar cosas y otra sabía muy bien la necesidad legal de grabar algunas cosas para tener pruebas. Tenemos todo un archivo desde que ella empieza a estar enferma hasta el momento en que fallece ayudada por su marido cuando le da esa sustancia, el pentobarbital sódico. Ese documental que tardaremos tiempo en ver porque va muy despacito es el próximo gran barco en el que me he metido.

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