Franquismo y ‘eugenesia’ a la española

La eugenesia no es delito

En términos estrictos, la eugenesia es “el estudio y aplicación de las leyes biológicas de la herencia orientados al perfeccionamiento de la especie humana”. Lo que significa que es perfectamente ética, socialmente buena y progresista. Surgió para mejorar genéticamente la raza humana.

En efecto. La palabra eugenesia nació en 1883. La acuñó Francis Galton, primo de Charles Darwin. Recibió el apoyo de Theodore Roosevelt y de Winston Churchill y se practicó en EEUU y Reino Unido, también en España. Obviamente, la eugenesia no tuvo color político aunque tuviera sus más y sus menos dialécticos, dadas sus implicaciones sociales y económicas a la hora de aplicarse. Si ante la ley no somos iguales, tampoco lo somos ante los beneficios de la ciencia. La eugenesia fue defendida por toda clase de políticas, al fin y al cabo, su fin era la mejora de la especie, mediante la aplicación de ciertos conocimientos científicos sobre genética.

Otra cuestión, muy distinta, es utilizar dicho concepto dándole un significado que no tiene. Para su desgracia semántica, el concepto ha sido devorado por el nazismo a quien se le atribuye las prácticas “eugénicas” más bárbaras y crueles, pero el nazismo jamás practicó la eugenesia, como, tampoco, la eutanasia. Eliminar físicamente a seres humanos, fuesen pobres minusválidos psíquicos, por medio de la castración o la esterilización, por envenenamiento, gaseándolos o seleccionándolos siguiendo supuestas razones racistas o parecidas enormidades, como hacían los espartanos que abandonaban en el monte Taigeto a los recién nacidos que no les gustaban, no es eugenesia. Es lisa y llanamente un crimen, un delito, una afrenta bárbara y cruel.

Convengamos, pues, que el genio maligno de Hitler y sus secuaces jamás practicaron la eugenesia, sino que se dedicaron al crimen organizado contra quienes consideraron razas inferiores. Los crímenes del nazismo no se perpetraron en nombre de la eugenesia, sino en nombre de una ideología perversa, alevosa, bárbara, cruel e inhumana. La eugenesia, como su nombre indica, buscaba la mejora del ser humano; el nazismo la destrucción de los considerados “anormales e inferiores”. Lo que, obviamente significa que eugenesia y nazismo se encuentran en las antípodas.

La manipulación del término se hizo viral con el nazismo. El mismo cambalache semántico sucedió en España, donde se aplicó el concepto de eugenesia a una supuesta higiene racial, lo que no tenía nada que ver con el contenido real y verdadero de la palabra. No puede por tanto afirmarse que el nazismo y el franquismo utilizasen la eugenesia en su significado estricto, sino que la convirtieron en un pretexto ideológico para dar pátina de honorabilidad, científica decían, a lo que, lisa y llanamente, era un crimen contra la humanidad. En la España franquista hubo eugenistas en el verdadero y auténtico significado de la palabra, pero, también, quienes utilizaron dicho concepto para llevar adelante una política racista consistente en hacer desaparecer mediante la represión y el castigo cualquier asomo de heterodoxia política, social, cultural y sexual. Y no lo hicieron en nombre de la eugenesia, sino en nombre del franquismo que se prestó a llevar adelante dicha empresa criminal.

Crimen y eugenesia son incompatibles, a no ser que esta se use con torvas intenciones como la denominada higiene racial, aplicada de forma draconiana a los que perdieron la guerra, es decir , a los rojos. O como la llamó Vallejo Nágera (VN), el Mengele español, que la denominó eugenesia positiva, que no tuvo nada de positivo para quienes la sufrieron en propias carnes. Fue simplemente una persecución ideológica, política y social. Y, como tal persecución, un crimen. Su contenido científico fue sustituido por una ideología fascista.

El franquismo jamás aplicó la eugenesia a los prisioneros republicanos, sino que los machacó bárbaramente, también, a sus hijos, actividad que nada tiene que ver con la eugenesia, sino con el crimen organizado de lesa humanidad.

Con el franquismo, la eugenesia se desligó completamente del fin que la definía como ciencia para mejorar la condición biológica del ser humano. Lo que sí hizo el franquismo fue ocultar sus intenciones siniestras bajo el velo de una falsa ciencia basada en principios que nada tenían que ver con las investigaciones científicas derivadas, precisamente, de la eugenesia. Perseguir rojos, marxistas, republicanos y gentes que no comulgaban con el Nuevo Estado Franquista no tuvo nada de científico, ni de eugenesia, sino de acto criminal, premeditado y alevoso.

Modelos de eugenesia

Hubo eugenistas verdaderos en España, siguiendo la senda de Galton como existieron médicos ingleses, americanos y alemanes. Pero la confusión interesada entre eugenesia y nazismo dio al traste con el significado del primero, como se ha pretendido con la eutanasia, intentando colarnos que la eutanasia era lo que hicieron los nazis en los campos de concentración. Y, por tanto, condenable. Y que esto lo digan descendientes ideológicos de quienes apoyaron las prácticas racistas de la “eugenesia positiva” de VN es el colmo del cinismo.

misael bañuelosLos eugenistas más famosos de esta época fueron Antonio Vallejo Nágera y el burgalés Misael Bañuelos García (1887-1954), que tergiversaron el concepto de eugenesia de un modo retorcido, convirtiéndola en un depósito ideológico infumable.

Bañuelos (en la imagen) fue médico de gran renombre en su época y, también, un gran admirador de Hitler y del nacionalsocialismo. Catedrático de Patología Médica sostenía que “la promiscuidad racial era una porquería materialista” y no dudaba en señalar que la causa de la degeneración de la denominada raza española era el mestizaje con los indígenas americanos. Lo afirmaba diciendo que «los españoles puros, dondequiera que estén son españoles, pero el bastardo, mestizo o mulato, ya no es español, aunque viva en España». Sonidos estridentes del pasado que parecen haber sido rescatados por la caverna de Vox. Frente a las críticas de sus oponentes señalaba que “la doctrina racista, bien entendida, es la doctrina de la elevación moral de la Humanidad”.

misael-libroBañuelos definía la eugenesia como “una parte de un programa mayor: la higiene de la raza, cuya importancia residía en la recuperación de la raza española, especialmente de la raza nórdica castellana (Cuestiones político-biológicas, 1936).

Si la eugenesia servía para recuperar la denominación de origen de la raza española -la eugenesia hablaba de mejorar las bases biológicas hereditarias, no cargarse a los individuos que no daban la talla racial mediante la esterilización, la castración o la muerte-, la higiene racial de Bañuelos tampoco auspiciaba grandes esperanzas de vida a quienes, no castellanos ellos, no daban “la talla nórdica”.

Aunque Bañuelos comulgaba abiertamente con la ideología nazi y fue apologeta de Hitler – en sus libros se encuentran infinidad de citas de Mi lucha-, su nombre sigue teniendo en Burgos una Plaza y un retrato suyo se mantiene en las paredes del Hospital clínico universitario de Valladolid, en la denominada Aula Misael Bañuelos.

VN coincidía con Bañuelos en considerar la eugenesia como “higiene de la raza”, a lo que le añadía que esta gozaba de “una jurisdicción ideológica perfectamente delimitada”. La señalaba de este modo: “los políticos nacionalsocialistas establecen la fundamental diferencia entre eugenesia e higiene de la raza, al contrario que los políticos liberales y marxistas, quienes pretenden se olvide la palabra higiene de la raza para substituirla por la anodina eugenesia”. Anodina eugenesia, es decir, dedicada a lo que realmente debía dedicarse: a mejorar científicamente las bases hereditarias de las personas, ajenas a cualquier dispositivo ideológico. Mientras que los liberales y marxistas apostaban por la eugenesia correctamente entendida en la línea de su fundador Galton, las derechas optaban por la higiene de la raza, que era una manera de decir que eran racistas sin complejos.

DV.30.4.1941NÁJERALa metodología de realizar esta higiene consistía en hacer desaparecer a quienes no daban la talla para lo que era necesario sentar unas bases teóricas -científicas, añadía VN-que justificaran dicha “desratización racial”, porque de eso se trataba: de escenificar un nuevo cuento de Hamelin en el que con la música de la higiene racial se condujera a todas las ratas rojas al precipicio, tanto en su estadio de personas adultas y, como decía Horacio, ab ovo, desde el origen, desde la infancia. En este sentido, el nazismo alemán como el franquismo español se diferenciaban ideológicamente el canto de un euro.

En efecto, Nájera se centró en la higiene étnica o racial que implicaba la depuración de quienes eran considerados enemigos de la auténtica raza hispánica. Como era preceptivo, esa higiene o purificación de la raza defendía un elitismo racial, pues “el fin perseguido era el perfeccionamiento de los selectos, en contra de la eugenesia, que únicamente pretende la conservación de los genes sanos de la totalidad del pueblo”.

En este sentido, resulta esclarecedora la clasificación que hacía Nájera de la eugenesia. La que él llamaba eugenesia anodina, que buscaba la perfección y la mejora de toda la ciudadanía, mientras que la auténtica higiene racial solo buscaba la aristocracia genética, la de los selectos. La defensa e implantación de la desigualdad como fundamento de la organización social.

La siguiente tarea consistió en hacer compatible esa higiene racial, claramente racista y de filiación nazi, con el nacionalcatolicismo, para lo que se manipuló de forma más que enrevesada el concepto de eugenesia, despojándolo de su carácter científico y médico para suplantarlo por un discurso sociopolítico al servicio del franquismo (Véase en la revista Asclepio, el artículo de Francisca Juárez González, “La eugenesia en España, entre la ciencia y la doctrina sociopolítica”, 1999 y de  R. Campos, “Entre la ciencia y la doctrina católica: Eugenesia, matrimonio y sexualidad en el primer franquismo”, Cuadernos de Historia Contemporánea, 2018).

Los rojos no estaban locos

El psiquiatra González Duro tituló así uno de sus libros: “Los psiquiatras de Franco. Los rojos no estaban locos (Península, 2008).

La purificación de la raza exigía hacer una selección de los mejores, lo que llevó al resurgimiento de una nueva Inquisición antigua en contra de las personas que el franquismo consideraba antipatrióticas, anticatólicas y antimilitares; en definitiva, los corruptores de la raza española. Para ilustrarlo, González Duro recordaba esta imagen tan plástica como maniquea, de Vallejo: “El fenotipo amojamado, anguloso, sobrio, austero, se transformaba en otro redondeado, ventrudo, sensual, venal y arribista, hoy predominante. Tiene tan estrecha relación la figura corporal con la psicología del individuo que hemos de entristecernos de la pululación de Sanchos y penuria de Quijotes.”

9788483078419Dicho de otro modo para decir lo mismo: “la parte del problema racial de España era que había demasiados Sanchos Panzas (físico redondeado, ventrudo, sensual y arribista), y pocos Don Quijotes (casto, austero, sobrio e idealista), personajes imbuidos en un militarismo, identificando la cultura militar como la máxima expresión de raza superior”.

Y, para quien pudiera comprenderlo, afirmaba que la raza era espíritu, como la Hispanidad, por lo que “hemos de defender la Hispanidad para comprender nuestras esencias raciales y diferenciar nuestra raza de las extrañas”. Nájera, que era comandante del Ejército, definía este espíritu como “militarismo social, que quiere decir orden, disciplina, sacrificio personal, puntualidad en el servicio, porque la redoma militar encierra esencias puras de virtudes sociales, fortaleza corporal y espiritual”. Y para mejorar la raza nada mejor que optar por “la militarización de la escuela, de la Universidad, del taller, del café, del teatro, de todos los ámbitos sociales”.

VN aspiraba a convertir la sociedad a en un cuartel, que es lo que hizo el franquismo durante cuarenta años: aplicar la moral de la guerra a las costumbres y vida cotidiana españolas con el resultado consabido.

Todas las ideologías que no fueran destilaciones recias de esa espiritual Hispanidad entraban en el cómputo de corruptas y enemigas de la España franquista, porque quienes consumían marxismo eran sujetos enfermos, psicópatas y criminales. Y la única manera de curarlos era mediante la purificación espiritual, es decir, la represión, el único sistema de reeducación que conoció el franquismo. Para limpiar esta escoria fue necesario meterlos en la cárcel, llevarlos a campos de concentración y, una vez dentro, estudiada su complexión espiritual y mental, reeducarlos o, sin eufemismos, eliminarlos por la vía rápida. Eso, o robar a sus bebés, como tendremos ocasión de comprobar.

Vallejo Nágera, el Mengele español

Como se ha dicho, el psiquiatra VN (1889-1960), palentino, fue una de las figuras clave de la represión franquista en la posguerra. Licenciado en Medicina por la universidad de Valladolid, un 1910, entró en el cuerpo de Sanidad Militar y durante la I Guerra Mundial fue nombrado agregado militar en la embajada española en Berlín, estancia que le sirvió para aprender alemán. Además, se interesó por los campos de prisioneros de guerra manteniendo conversaciones habituales con los psiquiatras de dichas cárceles. Sin duda que el bagaje intelectual con el que regresó estaba imbuido por las tesis alemanas sobre la raza y que aplicó de forma mimética al campo que más le obsesionaba, la degeneración de la raza española. Durante la II República, a partir de 1931, se integró en el grupo de intelectuales de extrema derecha aglutinados alrededor de la revista Acción Española. En ella dejaría escrito en 1936: “En las clases bajas populares predominan los deficientes mentales y los incultos más que en otros estratos sociales superiores.” 

accion española

El golpe de Estado lo pilló siendo profesor en la Academia de Sanidad Militar. En este tiempo, publicó Hispanidad y Regeneración de una raza (1937) y en 1938 Política Racial del Nuevo Estado (1938). Finalmente, sería nombrado Jefe de los Servicios Psiquiátricos del Ejército Nacional.

Por telegrama, el 10 de agosto de 1938, solicitó a Franco la creación del Gabinete de Investigaciones Psicológicas de la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros de Guerra, con la intención de “investigar las raíces biopsíquicas del marxismo”, mediante análisis clínicos con hombres y mujeres republicanos prisioneros en las cárceles franquistas. El Dictador le concedió dicho permiso el 23 de agosto. Así como Mengele dispuso de los campos de concentración, VN gozaría de tener a su disposición la población carcelaria republicana para realizar sus aberrantes investigaciones.

Estos “estudios” se publicarían en primer lugar en la revista Semana Médica Española.

revistaEn sus libros Hispanidad y Regeneración de una raza (1937) y Política Racial y Nuevo Estado (1938) dejó clara cuál era su concepción de dicho concepto, nada que ver con la biología, ni con la genética. La raza era sinónimo de un espíritu individualizado, por cuyo conducto se transmitían unos determinados valores -el llamado “complejo afectivo básico”-, y que se nutría de “las ideas tradicionales de religiosidad y patriotismo” fundamentalmente. Todo ello acompañado por una purrusalda de ideales éticos, estéticos, destinados a la construcción de un “yo ideal”, -el yo español-, que nadie como Franco encarnaba (El factor emoción en la España Nueva, Burgos, 1938).

FACTOR EMOCIONEn otro orden más prosaico, este “yo ideal” era el individuo selecto destinado a respaldar a gobiernos que, como el franquista, se sustentaban en la disciplina militar, garante de los valores patrióticos y que estaban encarnados por el Movimiento Nacional.

Claro que esta axiología castrense podía verse obstruida por lo que VN llamó “complejos psicoafectivos”, mala cosa, y que, en efecto, los poseían quienes defendían los ideales de la República. Dichos complejos estaban formados por “unos sentimientos de rencor, inferioridad, resentimiento, venganza y arribismo, que eran  causa primera de la “descomposición de la patria”. Cualquiera podía entender que para este viaje no se necesitaba el apoyo de ningún tipo de Eugenesia. Pues se tratada del mismo discurso reaccionario que se venía sucediendo en los predios de la derecha ideológica durante la II República.

VN pretendió dar pátina de ciencia a la existencia de esos complejos psicoafectivos. Estaba obsesionado por probar “científicamente” que el adversario político era un infrahombre, además de malvado y perverso. Juzgaba que los sistemas políticos como la República, la democracia y el marxismo eran incompatibles con esa identidad religiosa y espiritual de la España racial, por lo que se imponía una nueva Cruzada, dirigida por los nuevos Inquisidores del régimen. Se trataba de una lucha dirigida a erradicar toda semilla y germen deletéreo de cualquier naturaleza que debilitase la raza española, consiguiendo así el reforzamiento psicológico del fenotipo creando un ambiente de férrea cruzada para impedir la degeneración del genotipo, que ya, de por sí, venía dañado desde la fábrica.

El periódico Diario de Navarra, cuyo director estuvo en el centro de la conspiración golpista, estaba encantado con este nuevo profeta de la apocalipsis. Hablaría de la “meritoria y admirable labor del doctor Vallejo que ha emprendido en pro de la higiene de la raza, bien desde el punto científico como apunta en su reciente libro “Eugenesia de la Hispanidad”, bien en las costumbres” (11.5.1938).

Suponemos que lo de científico era una concesión más que gratuita a la galería, pues dicho carácter no se veía por ningún lado, aunque quien lea dicho libro es probable que quede subyugado por su prosa envolvente y limpia, pero que, si algo no posee, es ciencia.

Eugenesia positiva

Propuso y definió la eugenesia como política de higiene racial es decir, como un ejercicio de eliminación de los marxistas por vía punitiva o represiva. Los marxistas fueron para el régimen de Franco lo que los judíos fueron para los nazis alemanes. Y conviene repetirlo una y otra vez: fue el franquismo quien posibilitó a Nájera poner en práctica sus ideas tan descabelladas. Sin el franquismo, VN hubiese sido un cero a la izquierda.

En el libro citado, Eugenesia de la hispanidad y Regeneración de la Raza estableció́ como único diagnóstico para frenar la destrucción de la raza hispánica la “eugenesia positiva”, que en palabras de VN significaba “multiplicar los selectos y dejar que perezcan los débiles”. Así de tajante y de simple.

eugenesia de la hispanidad-editorial

Publicada en 1937, la obra tomó el concepto de Hispanidad como pretexto inequívoco y necesario para justificar la depuración de la sociedad española de la escoria marxista. La eugenesia, en lugar de servir para mejorar las condiciones hereditarias de la especie, la convirtió en plataforma espiritual y religiosa destinada a crear un ambiente para cultivar únicamente los valores impuestos por el régimen. Valores que los psicópatas marxistas no conocían desde la cuna, menos aún en su estadio de adultos, convertidos en seres depravados y psicópatas pues su gen de rojos, dado el ambiente en que se desenvolvieron,  en lugar de hacerlo desaparecer, lo incrementó en sus manifestaciones criminales, como, por ejemplo, en lugar de adherirse al golpe de Estado, decidieron seguir fieles al marco constitucional de la República. Una decisión que solo podía provenir de un cerebro tocado, cuyas cisuras estaban habitadas por un gen rojo, fuente de cualquier psicopatología.

eugenesias de la hispanidadY, según VN, si se estaba en posesión de un gen rojo era imposible transformar a sus portadores en su conducta … a no ser que se los trasladase a un ambiente determinado y recibir el tratamiento adecuado proporcionado por la eugenesia positiva.

Azaña y Franco

Siendo jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares intentó demostrar la inferioridad mental de las personas que tenían una ideología marxista.

En su libro Los niños republicanos (RBA, 2005), Eduard Pons hace constar que Vallejo “dirigió, en 1938, un estudio sobre los prisioneros de guerra republicanos, para determinar qué malformación (los) llevaba al marxismo”. O, lo que es lo mismo, si Proust iba en busca del tiempo perdido, Nájera estaba obsesionado con la búsqueda del “gen rojo”, pues, en su opinión, envenenaba el ideal de raza.

Como quiera que la ciencia, al menos la eugenesia positiva de VN, nada podía hacer para transformar el malévolo genotipo de los marxistas, se centró en el fenotipo, es decir, en crear aquellas condiciones ambientales, culturales y sociales, donde la triada “Dios, Patria y Familia” estuviera presente todas las horas del día en sus vidas.

niños republicanos ponsVN sostenía que las mujeres republicanas estaban en posesión de una irracionalidad insuperable, tanto que, si no se las trataba con una buena formación social y espiritual, podrían llegar a ser vesánicas y crueles, desinhibidas y desenfrenadas en todos los terrenos, especialmente en el sexual. Sencillamente, las mujeres sin ese toque eugénico católico y espiritual seguirían siendo “animales poseídos por sentimientos patológicos”.

En El factor emoción en la Nueva España (1938) describió lo que, según sus investigaciones científicas, marcaba las diferencias fundamentales, biopsíquicas dirá, entre los republicanos y los sublevados. No enumeraré los rasgos diferenciales entre unos y otros, porque son ridículas, fruto de un maniqueísmo impropio de quien quiso pasar a la historia como un científico serio y riguroso.

Me limitaré a recordar el resultado de su comparación entre los rasgos físicos del presidente Azaña y de Franco. Habrá que suponer que tal descubrimiento lo hizo después de intensas reflexiones e investigaciones empíricas.

El hombre llegó a la conclusión de que “la fealdad de Azaña atraía a las fuerzas del mal, mientras que la sonrisa equilibrada del caudillo estimulaba a los defensores del bien”. Así que, feliz por el descubrimiento, señalaba: “Llama la atención la circunstancia de que las masas identificadas con cada una de las citadas personalidades exhiben reacciones psíquicas que parecen fruto de los complejos latentes en la conciencia de ambos personajes. Las de ellos, reacciones movidas por los complejos de rencor y resentimiento; los nuestros reaccionan a los complejos de religiosidad, patriotismo y responsabilidad moral”.

Prisioneros de guerra, todos locos

psicopatologiaFue un libro dedicado al “invicto caudillo imperial” (La locura y la guerra. Psicopatología de la guerra española, 1939). Está organizado en dos apartados. En el primero, cuenta las “investigaciones científicas” que hizo tras el fin de la guerra. Para ello se sirvió del marco incomparable de la Dirección del Gabinete de Investigaciones Psicológicas de los Campos de Concentración con sede en Burgos, y que ya habían sido publicadas en la prensa y en formato de artículos en la Revista Española de Medicina y Cirugía, con el pomposo título de Psiquismo del Fanatismo Marxista.

Su contenido fundamental gira sobre el “estudio psiquiátrico” de los prisioneros de guerra internacionalistas, a los que califica de marxistas, atribuyéndoles una “morbosidad criminógena” per se. El siguiente aspecto se centrará en enumerar las “características psiquiátricas de las mujeres combatientes”.

locura y guerraEn referencia a los brigadistas internacionalistas, en total 72, dirá que “en estos marxistas predominan los temperamentos degenerativos”. Y, cuando no es así, “predominan en elevada proporción las inteligencias medias e inferiores, alcanzando el 10% la proporción de individuos francamente imbéciles». Después de calificarlos de “comunistoides”, es decir, gentes que desconocen los principios más elementales del marxismo, añadirá que «se caracterizan por el predominio de las tendencias instintivas, elaboración paranoide de las vivencias y conducta regida por complejos de rencor y resentimiento, propendiendo en cierto modo a trastocar el orden social existente, sea este el que sea». ¡Menudo lince” ¿Qué mas daba que hubiesen leído El Capital de Marx o el tebeo del Pato Donald si el estigma que se les atribuía era el a priori del que partía en su análisis?

Cuando VN habla de “estudio psiquiátrico”, la verdad es que no se sabe muy bien a qué se refiere. De hecho, cuenta que a los brigadistas les aplicó un análisis antropométrico, mientras que se inhibió de hacerlo a las milicianas, porque «en el sexo femenino carece de finalidad, por la impureza de sus contornos». Si a ello se le añade que Nájera pensaba que «la mayoría de las mujeres que estudió en la prisión de Málaga eran prostitutas por naturaleza», queda perfectamente claro su nivel como psiquiatra y como científico.

Dirá específicamente que “son características del sexo femenino la labilidad psíquica, la debilidad del equilibrio mental, la menor resistencia a las influencias ambientales, la inseguridad del control sobre la personalidad y la tendencia a la impulsividad, cualidades psicológicas que en circunstancias excepcionales pueden acarrear consecuencias patológicas y anormalidad en la conducta social”. Si la mujer se vuelve dulce y apacible, “ello se debe a los frenos sociales que sobre ella obran, ya que el psiquismo femenino tiene muchos puntos de contacto con el mundo infantil y animal».

Su conclusión será tajante: quienes militan en el marxismo comunista son todos psicópatas y antisociales. Pero, y esto es lo más importante, dado que esta conformación ideológica es fruto que se viene mamando desde la infancia, la segregación (sic) de estos sujetos sería muy fácil de hacer y, de este modo, la sociedad se vería libre de esta plaga terrible (La locura en la guerra. Psicopatología de la guerra española, 1939).

En su opinión, “la comprobación de nuestra hipótesis tiene enorme transcendencia político-social, pues, si militan en el marxismo de preferencia psicópatas antisociales, como es nuestra idea, la segregación de estos sujetos desde la infancia podría librar a la sociedad de plaga tan temible”.

En su libro Niños jóvenes y anormales no se andará con tapujos y describirá la solución final a la que había llegado aunque estaba en su mente desde el principio. Sostenía que, una vez que estos niños (hijos de republicanas) se los saca del entorno familiar y se insertan en espacios tutelados por el Estado o por el Auxilio Social de Falange, “la progresión degenerativa de los niños criados en ambientes republicanos se desvanece”.

Esto es será lo que suceda en 1940, produciendo en la sociedad la mayor tragedia que afligió a miles de familias republicanas. Y el franquismo santificando dicho crimen. Y la Iglesia. Lo veremos.

Hay que reconocer que las reflexiones sobre la mujer las fue matizando a lo largo de los años dotándolas, incluso, de un halo poético. En Psicología de los sexos (1944), escribirá que “a la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella”.  Ya lo dije. Como una mariposa.

En realidad, su pensamiento no era muy distinto al de los dirigentes franquistas que le apoyaban sin paliativos. Todos ellos, incluso los más progresistas del régimen, consideraban que los partidarios de la igualdad social y política, es decir, los marxistas o desafectos, tenían una inferioridad mental frente a los aristócratas del Nuevo Estado, que era lo que sostenía Vallejo: “La perversidad de los regímenes democráticos favorecedores del resentimiento promociona a los fracasados sociales con políticas públicas, a diferencia de lo que sucede con los regímenes aristocráticos donde sólo triunfan socialmente los mejores” (“Psiquismo del fanatismo marxista”, en Revista Semana Médica Española, 1939).

Una idea que, como veremos, defendería, en 1983, quien con los años llegaría a ser presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, entonces diputado por Alianza Popular en el Parlamento Gallego. 

Eugamia: selección de novios

Eugamia: selección de novios (1938), fue un libro escrito con la intención de proponer unas prácticas eugenésicas y sexuales en “las que la medicina y la moral católica convivieran sin ambages”. Es decir, una especie de búsqueda del santo Grial imposible. Completaría sus reflexiones su otro libro Antes de que te cases (1946).

Lo cierto es que existe una abundante bibliografía sobre las relaciones entre la moral católica, en definitiva, la Iglesia, y eugenesia, y no solo referida al ámbito español, sino, también, a Sudamérica. Muy elocuente es el trabajo de  G. Vallejo y Marisa Miranda titulado “Iglesia católica y eugenesia latina: un constructo teórico para el control social (Argentina, 1924-1958)”, publicado  la revista Asclepio) y, también, Matrimonio, sexualidad y bioética en el magisterio pontificio, de Rodolfo R. Roux, 2017. Donde se muestra que el concepto primigenio de eugenesia se ordeña en función de la ideología y moral católica sin ningún tipo de complejo.

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En este sentido, aun resulta más elocuente todavía el hecho que Ricardo Campos recuerda con la figura al fondo del monje capuchino Agapito de Sobradillo. Este fraile publicó en 1943 el libro El certificado médico prematrimonial, prologado por Vallejo Nágera. El programa incluía la propuesta de instaurar un certificado médico estatal para impedir el apareamiento de enfermos y tarados (VN), el cual debía necesariamente ser complementado por la intervención del “médico de las almas”, el confesor o un “sacerdote prudente”, para que -en el supuesto de haberse encontrado obstáculos en la salud de los contrayentes-, evaluara la conveniencia o necesidad del matrimonio, puesto que todo lo temporal debía quedar subordinado a las obligaciones morales y a la propia salvación ( R. Campos, “Entre la ciencia y la doctrina católica. Eugenesia, matrimonio y sexualidad en el primer franquismo”, Asclepio, 2018).

sobradilloVolviendo a Eugamia digamos que sus apologetas mantenían que seguía los principios de la moral sexual católica, toda vez que el obispo de Vitoria, señor Lauzurica -aquel franquista que apoyó el golpe de Estado con una vehemencia increíble-, veía en VN “uno de esos esforzados paladines de la ciencia, que respetuosos y sumisos a las prescripciones papales, ha sabido aunar una legítima ansia de superación humana con las exigencias del Derecho y de la Moral”.

¡Paladín de la Ciencia y seguidor de las prescripciones papales! ¿Cabe mayor incompatibilidad entre ciencia y religión católica?

La Eugamia tenía la consideración de ser una rama de la eugenesia que se ocupaba “de la selección de los cónyuges desde puntos de vista caracterológicos, y no somáticos como la Eugenesia”. Mientras que la eugenesia se interesaba por “la unión de los genotipos sanos”, la eugamia lo hacía por “la fusión de los tipos biopsíquicos que se complementen con arreglo a las leyes genéticas y psicológicas para que la personalidad de la prole sea lo más equilibrada posible”.

Para mayor aclaración del concepto, afirmaba que “la eugamia era una variante eugenésica acorde con la doctrina católica, pues la selección de novios implicaba una anticipación al hecho reproductivo con garantías morales e higiénicas”. Es decir, la eugamia solo era apta para gentes con principios morales católicos, pues, esta era la única manera de tener “garantía total de no tener una descendencia imbécil o anormal”.

Por todo ello, aconsejaba a los novios antes de casarse un conocimiento mutuo “en todos sus aspectos temperamentales y caracterológicos” -pero nada de relaciones prematrimoniales, desde luego- , para “averiguar las taras familiares susceptibles de transmitirse hereditariamente”, dejando “libertad absoluta para que los novios tomaran la decisión”, apostilla que no se la creía ni el Diablo, pues si los novios tenían “libertad absoluta” para decidir lo que quisieran, ¿a qué fin tanto consejo eugámico?

En el periódico Diario de Navarra, que seguía muy de cerca los libros de Vallejo Nágera, al comentar este de Eugamia, además de recordar sus dos partes esenciales, tituladas “Eugenesia de la Historia” y “Política racial del Nuevo Estado”, dirá que su doctrina es “ajena a todo materialismo. Si el matrimonio es un acto de razón iluminado por la FE, no existe ningún motivo para prescindir en su celebración de las enseñanzas científicas en orden a la herencia, a los caracteres, a los temperamentos” (DN. 26.3.1939).

Sostenía que “los principios genéticos de la Eugamia utilizados de la Genética lo eran para obtener genotipos lujos aproximados al prototipo del hombre sano, la figura corporal, el temperamento, las relaciones entre uno y otro, la inteligencia y el instinto como factores hereditarios de la personalidad, los factores extrínsecos de esta, los métodos de la Eugamia educación prematrimonial, consejo prenupcial, examen directo y diagnóstico biosocial”.

Para no tergiversar el pensamiento de VN, recordemos lo que él entendía por Eugamia utilizando sus propias palabras: «Propónese la Eugamia la conjunción matrimonial de personalidades biopsíquicas que por sus propiedades caracterológicas puedan procrear individuos progresivamente más cerca del prototipo de normalidad psicológica y que por sus dotes intelectivas estén en condiciones de prosperar socialmente«.

En definitiva, y dicho de un modo más castizo: “aquel medio que permitiría casar selectos para parir selectos”. Vallejo Nágera dixit.

Conferenciante

Durante la guerra, en aquellas ciudades donde podía moverse sin dificultad alguna, dictó algunas de sus conferencias. En ellas, se explayó a gusto acerca de la eugenesia, concepto poco habitual en la población, y las cualidades intrínsecas perversas del marxista, producidas por el temible gen rojo. Una de estas conferencia tuvo lugar en San Sebastián en 1938 con el título Psiquismo del fanatismo marxista, desarrollando las ideas que ya hemos descrito anteriormente.

vallejo en sansebastian

Terminada la contienda en su aspecto bélico, en 1940, peroró en el Teatro Gayarre de Pamplona, invitado por la Confederación Católica de Padres de Familia, la cual celebraba su octava Asamblea General. No era una novedad que VN participara en eventos organizados por esta derechista Confederación. Ya en 1934, publicó un opúsculo con las lecciones explicadas por Nájera sobre “El problema de los niños difíciles”, y a las que habían asistido padres de familia de esta Confederación. 

niños difícilesLa conferencia en el Gayarre puso fin a dicha Asamblea. En ella, se presentó como “médico católico” y dijo que hablaría con “un criterio científico, escueto y conciso de unos puntos de la eugenesia, palabra que siempre suscita cierto recelo a los católicos, porque la ciencia materialista ha maleado su concepto, pero cuyos conceptos fundamentales recogió Pío XI y que debe ser preocupación de los católicos por la importancia que tiene para la generación de la familia y de la raza.”

En efecto. Pío XI en su encíclica Casti Connubii (diciembre de 1930) terció sobre la eugenesia. En el texto se mostraba contrario a la esterilización, pero no a la selección de futuros cónyuge a través de consejos prematrimoniales para garantizar una prole “sana, física y moralmente”. También destacaba la conveniencia de desalentar por vía del consejo sacerdotal, “las uniones matrimoniales de aquellos que no harían más que engendrar hijos defectuosos”.

Un Decreto del santo Oficio fechado el 21 de marzo de 1931, saldría al paso condenando la eugenesia, confundida ahora con el neomaltusianismo, pues este se asociaba con la educación sexual y los métodos de control de la natalidad. En esta misma dirección se expresaría, en ese mismo año, el cardenal Gomá en su Explicación dialogada de la Casti Connubii, afirmando que lo que dicha encíclica “reprobaba no era ese eugenismo normal y legítimo, sino este otro que ha pactado con el neomaltusianismo una alianza desdichada, y que emplea medios contrarios al verdadero fin del matrimonio, tal como lo define la moral católica”.

Al final, pues, la Iglesia se apropió del concepto de eugenesia atribuyéndole el significado que mejor cuadraba con su moral. Lo habitual en su conocida historia de apropiación de palabras, símbolos y conceptos paganos.

Se condenó “la eugenesia meramente materialista”, como si hubiese otra eugenesia verdadera y científica, y ello porque, según otro conspicuo católico, “pretende aplicar a los valores de la vida humana la medida con que se mide la cría de animales”, pregona “el colectivismo” y “la esterilización de hombres inocentes”.  

En realidad, lo que VN sostuvo en aquella conferencia no formaba parte del discurso científico de la eugenesia materialista, sino la mermelada racial, racista, xenófoba y supremacista que desde siempre, bajó la pátina de supuestos argumentos científicos basados en Mendel o Lamarck, él, VN, había defendido.

Por ejemplo, sostuvo de forma fatalista que “la degeneración de la raza es debida al medio ambiente (fenotipo), corrompido, no solamente en sentido de las inyecciones de las intoxicaciones que dañan al cuerpo, sino a todo este ambiente metafísico de la inmoralidad de las costumbres que se traducen en el vicio que lleva como consecuencia ineludible la degeneración de los individuos y de las razas”. Un discurso totalmente incompatible con la idea de que España había ganado la guerra por ser la elegida por Dios. ¿Cómo, después de semejante regalo de la providencia, permitía que España se hubiese sumido en un ambiente metafísico inmoral? Por lo demás, relacionar eugenesia con neomaltusianismo, reduciendo este al aborto clandestino era una afirmación con efecto de bumerang, pues ¿cómo podía suceder tal cataclismo en la España de Franco?

A pesar de estas incongruencias, VN diría: “De la importancia que para la raza española reviste este problema os daréis una idea cuando sepáis que en España se calcula en 500.000 el número de abortos clandestinos, de ellos 125 000 comprobados perfectamente que cuestan la vida a 20000 madres”. No lo dijo el conferenciante, pero habrá que suponer que las madres que abortaban serían marxistas y psicópatas.

Su corolario final fue el siguiente: “¿Es posible hacer esta política de fomento de la natalidad que propugna el Caudillo? Toda la higiene racial debe basarse en el fomento de los caracteres raciales de la familia y para ello nada mejor que seleccionar los cónyuges, pero sin olvidar que nosotros no podemos privar del derecho a la procreación a los seres deformes o tarados. Para ello hay que seguir los principios de una ciencia que se llama Eugamia, el matrimonio perfecto, que es la selección de los futuros cónyuges para crear, incrustadas de catolicidad, incrustadas de espíritu patriótico, aquellas familias cristianas necesarias para recobrar otra vez el Imperio de la Hispanidad”.

En 1941, el 30 de abril, El Diario Vasco anunciaba que en San Sebastián “el ilustre psiquiatra doctor Vallejo Nágera disertará en el Paraninfo del instituto Peñaflorida con una conferencia titulada La Moralidad y Locura”.

niños y jóvenes anormalesA continuación, el periódico, franquista hasta el tuétano, recordaba que “VN acababa de publicar un magnífico volumen, una obra maestra de la Pedagogía y la Medicina, titulado Niños y jóvenes anormales.

Sería en este libro donde VN repetiría una de sus ideas más querida, repetida en varias de sus obras, además de haberla llevado a la práctica para vergüenza del franquismo por los siglos de los siglos. Me refiero a la aberración de pedir que los niños hijos de las presas republicanas fueran sacadas del entorno familiar (en este caso la cárcel) y fuesen insertados en espacios tutelados por el Estado o por el Auxilio Social de Falange, para “de este modo combatir la progresión degenerativa de los niños criados en ambientes republicanos”.

La eugenesia najerana de los niños robados

Se trata de uno de los capítulos más negros producidos por esta eugenesia a la española y que solo por este hecho el franquismo debería ser maldecido y considerado como una ideología criminal. Ni siquiera dispone del recurso exculpatorio de la guerra, circunstancia exculpatoria y equidistante de todos los males que se sucedieron en ella por unos y otros, porque el hecho sucedió en 1940 y su práctica criminal se mantuvo durante una década, por lo menos.

Me refiero al secuestro y robo por la fuerza de nada más y nada menos que de 30000 niños “arrancados de las malas influencias maternas”, es decir, de madres presas en las cárceles españolas que seguían en ellas una vez terminada la guerra. Ricardo Campos, director de la revista citada Asclepio, y buen conocedor de la historia. asegura que “en 1943 hubo unos 12.000 niños separados de sus madres y para el período 1936-1950 se manejan cifras cercanas a los 30.000″.

El régimen eugenista del franquismo no podía permitir que 30000 semillas marxistas crecieran libres y convertirse el día de mañana en comunistas feroces dando al traste con la conseguida y ansiada pureza de la raza hispánica gracias al Glorioso Movimiento Nacional.

Aunque estos niños nacieron con el gen rojo, Vallejo, que daba más importancia a la herencia social y cultural que a la biológica, no lo dudó en ningún momento e hizo todos los posibles para que los hijos de las presas republicanas a los tres años de su nacimiento fueran arrebatados de sus senos e internados en centros donde se practicara «una exaltación de las cualidades biopsíquicas raciales y la eliminación de los factores ambientales que en el curso de las generaciones conducen a la degeneración del biotipo».

Pero no nos engañemos. VN no estaba solo. El régimen franquista apoyó con una ley su decisión. La orden que lo permitía estaba firmaba por Esteban Eguía Bilbao, ministro de Justicia, y fechada el 30 de marzo de 1940. Exactamente, establecía que “las reclusas tendrán derecho a amamantar a sus hijos y tenerlos en compañía en las prisiones hasta que cumplan la edad de tres años” (BOE, núm. 97 de 6 de abril de 1940). Reproducimos al completo dicha orden.

reclusas.eguiaGracias al franquismo, miles de niños fueron utilizados como cobayas de un experimento criminal, pues se trataba de demostrar que, una vez alejados del ambiente maternal, esencialmente abyecto, e insertados en un clima familiar nacional católico se convertirán en españoles raciales, como preconizaba VN. Pues de este modo, su gen rojo había sido combatido y vencido por el fenotipo racial español verdadero.

Muchos de estos niños fueron internados en centros o dados en adopción, cortando así todo vínculo emocional con sus verdaderas familias e inundando de tragedia miles de hogares españoles.

La abominable teoría en que se justificaba esta terrorífica práctica, VN ya la había expuesto en La locura y la guerra psicopatología de la guerra española: “la ideología dependía de una predisposición genética observable en el fenotipo, pero actuando sobre el ambiente podían modificarse esos genes nocivos”. Consecuencia de esta premisa defendió la separación de los hijos de los padres de los marxistas, pues “la segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de una plaga tan temible”. Añadía que lo mejor para España era que “los rojos no tuvieran hijos y, caso de tenerlos, separarlos de sus padres, pues eran un mal ejemplo”.

asexualizacion-psicopatasLas teorías de Vallejo Nágera eran, camuflado o no, nazismo infecto. Sin embargo, el franquismo le dio su aval y puso a su alcance los medios económicos para ponerlas en práctica. Ningún alto cargo del régimen se opuso a ellas.

El aval de su conducta vendría apuntalado en 1940 al ingresar en la Escuela de Estudios Penitenciarios. Desde esa atalaya, llevó a la práctica su idea más abominable.

Ordenaba y mandaba a capricho, pues le incumbía la responsabilidad de formar a los nuevos funcionarios de prisiones franquistas, permitiendo bajo su supervivencia la puesta en práctica del diagnóstico y tratamiento de lo que llamó eugenesia positiva, llevando a cabo la segregación de los niños desde la más tierna infancia.

Desgraciadamente, contó con dos instancias claves: el Régimen y la Iglesia Católica.

BEBES ROBADOS MONJAS

Conviene tenerlo en cuenta

Las bases ideológicas segregacionistas de VN no desaparecieron de la noche a la mañana. No diré que se mantuvieron intactas a lo largo del franquismo y, también, en años posteriores, pero sería cuestión de hacer un análisis diacrónico de dicha pervivencia ideológica.

Desde esa perspectiva, el periódico El Faro de Vigo publicó el cuatro de marzo 1983 un artículo de Mariano Rajoy, entonces diputado de Alianza Popular en el parlamento gallego, que recordaba al mismísimo Vallejo Nágera.

Lean, si no, este fragmento del artículo: “En textos del siglo VI -antes de Jesucristo-, se afirmaba como verdad indiscutible que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente -era un hecho objetivo que los hijos de buena estirpe superaban a los demás-, han sido confirmados posteriormente por la ciencia, desde que Mendel formulara sus famosas leyes ya nadie pone en tela de juicio que el hombre es desigual”. Solo le faltó añadir que, además de Mendel, lo afirmaba también alguien más cercado a su tierra, el palentino Antonio Vallejo Nágera. Claro. Citar a Mendel no comprometía a nada, pero nombrar al Mengele español era harina de otro costal.

Sin embargo, para quien años más tarde llegaría a ser presidente de Gobierno estaba muy claro que, como en el caso de VN, también pensaba que el pensamiento de los marxistas en su vertiente socialista o comunista es totalmente inferior al de las derechas: “Por eso, todos los modelos, desde el comunismo radical al socialismo atenuado, que predican la igualdad de riquezas y establecen para ello normas como las arriba indicadas, cuya filosofía última aunque se las quiera dar otro revestimiento es la imposición de la igualdad, son radicalmente contrarias a la esencia misma del hombre”.

faro de vigo-rajoy

Para Rajoy, “esa defensa igualitaria es un impedimento para que los mejores, los más selectos, los más hábiles, los más capaces, en definitiva, para los de buena estirpe conseguir progresar y traer bienestar a su sociedad”.

En fin. Dejémoslo estar.

La historia de este calamitoso capítulo de los bebés robados nunca hubiera sido posible sin el franquismo, fabricado con las mismas ideas aberrantes de VN. Por eso, cuando en la actualidad vemos a jueces dictando que la apología del franquismo no es delito, sino un acto de habla inocente, locutivo diría Austin, amparado por la libertad de expresión, es para preguntarse ¿en qué tipo de franquismo angelical estará pensando esta gente? ¿Cómo es posible que una ideología como la franquista, que permitió y dictó una orden para separar a los hijos de tres años de sus madres, pueda ser objeto de apología bajo el auspicio de la libertad de expresión?

Triste es, en verdad, que en nombre de la libertad de expresión se cometa tal despropósito. El franquismo como el nazismo, con el que guarda tantas similitudes, fue una ideología del odio, porque solo una ideología de tal naturaleza pudo amparar y dar acomodo a tales prácticas criminales…ensañándose con niños de tres años y con sus madres presas indefensas…

Y, aun así, Vallejo Nágera parece que sigue teniendo un paseo dedicado a recordar su… ¿qué? 

vallejo nagera


Las derechas españolas nunca dijeron NO a Hitler


https://rebelion.org/franquismo-y-eugenesia-a-la-espanola/

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