Enrique Santiago: «El conflicto en Cuba no es entre más o menos democracia, sino entre independencia o anexión colonial»

El portavoz adjunto de Unidas Podemos y portavoz parlamentario de IU en el Congreso, Enrique Santiago, responde a preguntas sobre los logros, fracasos y retos del gobierno de coalición. El también secretario general del PCE analiza, además, los últimos acontecimientos en Cuba. Santiago fue uno de los tres juristas de las FARC en la mesa de negociación de paz en Colombia en la capital cubana.

Se dan reacciones casi mecánicas: la contrarrevolución en marcha o el pueblo sometido por el totalitarismo y en lucha por la libertad. Las cosas parecen más complejas, y voces ‘no enemigas’ de la Revolución señalan descontentos legítimos que tienen que ver con la liberalización de la economía cubana y un incremento de la desigualdad que tiene además un componente racial: los blancos viven mejor que los negros gracias a las remesas de sus familiares en una diáspora mayoritariamente blanca. ¿Qué interpretación hace usted de lo que sucede en la isla?

No hacemos reacciones mecánicas. Sí lo es que Cuba soporte medidas de injerencia de Estados Unidos desde su independencia. Primero fue la Enmienda Platt, que eliminó la soberanía política, y cuando Estados Unidos perdió el control político sobre la isla el siglo pasado, impuso un brutal bloqueo y medidas de asfixia económica, ilegales según el derecho internacional y condenadas cada año por la Asamblea General de Naciones Unidas. Ello obliga a Cuba –que pese a todo consigue estar entre los países con mejores índices de esperanza de vida, salud y educación, o ser una potencia en biotecnología– a enfrentar una situación permanente similar al estado de guerra. Lo que ocurre estos días no es más que otra manifestación de esa agresividad hacia un país soberano que no quiere convertirse en una colonia, como su vecino Puerto Rico. 

También hay críticas desde la izquierda.

Diversos actores interesados se encargan de sobredimensionar el malestar social en Cuba si se compara, por ejemplo, con lo que acontece en Colombia. La izquierda siempre es crítica con los procesos de construcción de democracias socialistas o alternativas con el fin de aportar visiones que los enriquezcan. Trabajar por mejorar las condiciones de vida en tan difícil situación implica que se puedan cometer errores, pero mi impresión es que el pueblo cubano quiere mejorar su democracia socialista, no sustituirla por el capitalismo salvaje de su vecina Haití. Es al pueblo cubano y a su dirigencia, no a terceros, a quien corresponde tomar las medidas para corregir los errores.

De modo general, ¿cuál debe ser el papel de la izquierda española con respecto a lo que está sucediendo en Cuba?

Adoptar y exigir medidas eficaces para garantizar el respeto a la soberanía de Cuba y el fin de injerencias extranjeras contrarias a las leyes internacionales. Todos los demócratas deben poner en marcha medidas de solidaridad que contrarresten los efectos del ilegal bloqueo comercial y económico. España debe contribuir eficazmente a que Cuba siga siendo un país independiente. Resulta muy cínico contemplar cómo un pueblo es impunemente asfixiado por un vecino muy poderoso y, a la vez, exigirle las medidas que busca imponerle el agresor. El conflicto en Cuba no es entre más o menos democracia, sino entre independencia o anexión colonial.

Le pregunto ahora por la subida del precio de la luz, que ha indignado a las bases de Unidas Podemos, entre las cuales crece la desafección hacia la coalición debido a su incapacidad para que su presencia en el Gobierno signifique una factura más barata, como llegó a prometerse. ¿Qué diría a esas bases indignadas?

Unidas Podemos tiene 35 diputados/as, es decir, un 10% del Parlamento, y a pesar de tan escasa representación hemos conseguido levantar el escudo social, alabado por Naciones Unidas como ejemplo de protección a la población. Para aplicar nuestro programa necesitamos más apoyos, y sería muy útil que personas como las que se indignan con razón por el precio de la luz nos dieran más fuerza en las urnas. Una de las formas más eficaces para abaratarlo es una empresa pública de energía como las de otros países de la UE. Hemos llevado al Gobierno propuestas viables para conseguirlo, buena parte solicitadas por otros actores sociales, como los sindicatos.

Hasta que lo consigamos se han adoptado otras medidas, como bajar el IVA o descargar los recibos de las compensaciones a las eléctricas, y se deben tomar más, como limitar el precio máximo de la subasta eléctrica, mecanismo nada transparente y que permite que las compañías conviertan el derecho a la energía en un producto especulativo.

En general, ¿hace un balance positivo de la presencia de Unidas Podemos en el Gobierno? ¿Cree que fue una buena decisión participar en él?

Si UP no hubiera entrado en el Gobierno, las consecuencias de la crisis habrían sido desastrosas. Más allá del legítimo debate teórico sobre el Gobierno, UP pelea cada día medidas para mejorar las condiciones de vida de la gente trabajadora. En apenas 14 meses hemos recuperado todo el empleo destruido por la crisis, algo que los gobiernos neoliberales no consiguieron en 11 años.

Generamos nuevos derechos, como el ingreso mínimo vital. Hemos derogado normas contra el derecho de huelga y trabajamos para recuperar las libertades cercenadas por la derecha o se amplíen otras, como el derecho a la eutanasia. Hemos subido más de un 24% el SMI y este año concluirá con una nueva subida, hemos dado los primeros pasos de la reforma laboral con la ley riders y aprobado unos primeros Presupuestos expansivos que acabaron con las políticas de austeridad, que tendrán continuidad con otros para 2022 para fortalecer más los servicios sociales. Sabemos que queda por hacer, pero esto lo ha ganado la gente trabajadora porque Unidas Podemos está en el Gobierno.

Sobre las perspectivas de futuro de la izquierda alternativa española, se escuchan rumores de que Yolanda Díaz puede no ser finalmente candidata debido a su frustración con la incapacidad de las distintas fuerzas a la izquierda del PSOE para coaligarse.

No he escuchado esos rumores, pero, de existir, creo que su origen no estaría muy lejos de las habituales intoxicaciones, no provenientes de ámbitos internos. Tampoco se ha adoptado ninguna decisión sobre quién va a encabezar la candidatura de la izquierda en las generales; antes de eso hay mucho que trabajar y afrontar retos como las municipales y autonómicas.

Mucha gente no es consciente del intenso trabajo que se está haciendo para fortalecer UP y sumar nuevas alianzas, recogiendo la gran diversidad de la izquierda y la plurinacionalidad de España. Creo que así es como se fortalece el espacio de la izquierda. Mientras, que nadie dude de que UP pone por delante el trabajo para acabar con los privilegios de las élites y garantizar los derechos humanos para todas las personas.

Enrique Santiago: «El conflicto en Cuba no es entre más o menos democracia, sino entre independencia o anexión colonial»

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