El presidente de Portugal veta la ley de eutanasia

Francisco Chacón


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El presidente de Portugal, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, ha vetado la ley de eutanasia, recientemente aprobada por el Parlamento. El varapalo al Gobierno socialista, empeñado en convertirla en una regulación ‘estrella’ se produce después de que tuviera que reformar la norma tras la intervención del Tribunal Constitucional.

Ahí se limitó la postura de Rebelo de Sousa meses atrás, pero ahora da un salto más allá y frena su entrada en vigor debido a «inesperadas perplejidades», de acuerdo con las palabras exactas del presidente.

Según su parecer, los diputados tienen que escoger si la muerte asistida ha de ser admitida en caso de «enfermedad grave, incurable o fatal», pues asegura que estas tres opciones no tienen el mismo significado.

A su juicio, sería el último calificativo el que habría de regir, pero si primaran los otros dos quedaría de manifiesto que «Portugal se alinearía con los países que aplican una solución más drástica o radical« y él duda de que este hecho «se corresponda con el sentir mayoritario en la sociedad portuguesa».

Todo esto se lo ha escrito Marcelo Rebelo de Sousa al presidente del Parlamento, el socialista Eduardo Ferro Rodrigues, en una carta que le ha remitido. Existe la posibilidad de que el trámite en la Asamblea de la República se reinicie, pero eso tendría que ser ya después de las elecciones generales anticipadas del 30 de enero. La actual composición de la cámara dio el visto bueno a esta ley, pero quién sabe cuál será la correlación de fuerzas a partir del 1 de febrero.

No hace todavía ni un mes desde que se aprobó la polémica normativa una vez comprobados los cambios que se habían introducido en el texto. De manera que los socialistas confiaban en que se había dado el visto bueno final a la ley de eutanasia a causa de los retoques aquí y allá en el documento oficial. De hecho, 138 diputado votaron a favor, 84 en contra y solo se registraron cinco abstenciones.

Pero ahora la perseverancia socialista ha caído en saco roto y al presidente no le ha temblado el pulso para lanzar un claro envite en el marco de la cohabitación política que rige en territorio portugués. Influía una circunstancia más decisiva de lo que parecía: mirar a España.

Además, los conservadores del PSD no impusieron una disciplina interna de sufragio, lo cual quiere decir que algunos diputados de la oposición se alinearon con el Gobierno de Antonio Costa.

Otra cosa es si la cruzada «prioritaria», que anticipó el PS, se rearmará en cuanto se retome el curso político después de las legislativas, que han levantado una gran expectación.

Costa dijo a su gabinete que, antes de todo este proceso, había que sacar adelante la ley de eutanasia, salvando todos los obstáculos del camino. Pues bien, esas dificultades se resumen en la actitud beligerante del inquilino del Palacio de Belém.

Por eso, la redacción del texto reformado era una cuestión clave, no fuera que sucediese de nuevo lo mismo. Y sí, ocurrió, se cumplieron los peores augurios para el Ejecutivo.

Y eso que, súbitamente, desaparecieron todas las ambigüedades e imprecisiones que antes se manifestaban, en aras de dejar abiertas unas connotaciones que, a la postre, se terminaron volviendo en su contra.

De modo que la intervención del Tribunal Constitucional continúa pesando como una losa y ha convertido la norma en algo así como ‘maldita’, pues apenas cesa su aureola de «estar bajo vigilancia» en varios de sus artículos.

Su veredicto salió adelante gracias al criterio preponderante de siete de los 13 jueces implicados. Por tanto, no acaba de convencer ni a unos ni a otros. Era la carta que jugó con calculada maestría el presidente de la República, quien no titubeó en absoluto a la hora de reenviar el diploma al Palacio de Ratton para que «fiscalizara» el contenido.

Lo que muchos portugueses piensan, como retrata la proliferación de comentarios a través de las redes sociales, es que el contexto actual de la pandemia del coronavirus, con un goteo del número de personas que muere cada día, no parece el momento más adecuado para regular un tema de estas características. Por eso, había quien se sentía decepcionado porque el papel del Constitucional quedó en nada… hasta que ha emergido de nuevo la figura del ‘profesor Marcelo’, como conocen muchos ciudadanos al presidente.

Los que pensaban que su función era meramente decorativa se han dado cuenta de que, en realidad, no es así. Muestra mucha más posición de ataque de lo que parece y, por ahora, los portugueses que están en contra de semejante regulación pueden estar tranquilos porque su labor de vigilancia permanece intacta.

La diputada socialista Isabel Moreira se ha marcado declaraciones que testimonian la rabia de todo el partido: «Desde un principio, el presidente se ha manifestado en contra y todo esto no son más que excusas».

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