Amalio de Marichalar: Urgente regeneración de España

Amalio de Marichalar


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Es ilegítimo e inadmisible que durante décadas en Cataluña y país Vasco principalmente, no se pueda votar libremente por la presión de las instituciones que gobiernan, sus terminales mediáticas y grupos sociales financiados por las instituciones, para lograr inocular sus planes de xenofobia e independencia a medio y largo plazo, lo cual se ha multiplicado y precipitado en Cataluña con el golpe de estado, y actualmente favoreciendo los planes del gobierno; así como en el país Vasco, sin que pase nada en los enaltecimientos al terrorismo y se aproveche para pactar avances como pretender ser nación, queriendo incluir además a Navarra, para crear una república vasca. Por tanto, no hay auténtica democracia en esas regiones. La obligación de cualquier gobernante es revertir esta situación -no hacerse fotos y pactos con quienes tanta tragedia han causado-, y poner a trabajar en una misma dirección a todos los partidos que creen en la constitución, en el estado de derecho y en la unidad de España, para lograrlo.

¿Es ilegítimo y vergonzoso favorecer y promover apoyos al gobierno, existiendo mayorías muchísimo más amplias y además sensatas y respetuosas con la constitución y el estado de derecho, pero en cambio optar por mayorías mucho más exiguas a costa de quien todos los días proclaman el ataque al Estado, a la Constitución, a España y a la democracia, y por ello, aun teniendo otra opción mucho más amplia y respetuosa con la ley suprema, optar por un camino de ruptura del Estado ? Claro que lo es. Es absolutamente ilegítimo, vergonzoso e inmoral. Todo lo contrario a perseguir el bien común y el interés general de todos los españoles.

La aplastante mayoría de España está alineada con la moderación y los partidos que respetan la Constitución y la democracia y no con los que con sus votos radicales aprovechan las ventajas de la Constitución y de la democracia para a su vez querer derrocarlas. Inaudito.

Esta semana, además de otros despropósitos, estamos viendo como tantas veces ya, el gravísimo ataque a la justicia por parte del gobierno, de partidos en el gobierno y de partidos socios del gobierno. ¿El presidente desautoriza y la presidenta del Congreso condenan tales ataques ? En una democracia normal no se tardaría un segundo en hacerlo por parte del presidente del ejecutivo, destituyendo fulminantemente a los que actúan contra la democracia, y la presidenta del Congreso condenar tal desafuero, y no se admitiría un segundo el desprecio, vejación e insulto, acompañado de planes de destrucción tan lacerante al poder judicial.

Europa está verdaderamente preocupada con tantas carencias de garantías y prácticas democráticas en este momento en España.

¿En una democracia europea se insultaría, vejaría y menospreciaría todos los días al jefe del Estado, Rey o Presidente de República, desde el gobierno y los partidos que apoyan, y se promovería con vídeos de uno de los partidos de gobierno el vilipendio a la jefatura del Estado para propiciar un cambio de régimen, y el presidente del gobierno no decir esta boca es mía?

Imposible poder siquiera imaginar tal desprecio, ataque y atentado a la cúspide del Estado y por tanto a la Constitución, al estado de derecho y a la democracia. Pido perdón a las naciones europeas sólo por tratar de comparar.

Más aún, se consideraría inmediatamente un atentado al Estado, exigencia inmediata de dimisión y consiguiente acusación de gravísimas acciones y omisiones contra el Estado.

Urge regenerar profundamente las instituciones que no cumplen el mandato constitucional. Urge hacerlo dada la gravísima crisis de esas instituciones, que además encabezan, o rebeliones en algunas regiones, o patrones similares ya desde el propio gobierno, queriendo simultáneamente acabar con otras instituciones a las que deben el máximo respeto y acatamiento.

Dada la enorme tragedia en vidas, y que continúa día a día, a causa de la pandemia, en la que se desarrolla este escenario y las gravísimas consecuencias sociales, laborales económicas y empresariales que tenemos delante, es el momento de encontrar una gran oportunidad para regenerar España profundamente y desde el espíritu inquebrantable de la transición y la reconciliación, refortalecer los fundamentos de nuestra democracia y solidificarla, reconduciendo tantas deslealtades de décadas y tantas arbitrariedades, corrupciones y desmanes que no pueden ser la conducta política ni un minuto más.

Sea este momento de expresión máxima de tanto engaño, fraude, manipulación y fracaso, el que propicie una regeneración profunda a todos los niveles

¿Pero vamos a ver, en qué nación democrática un presidente de gobierno no se desvive todos los días, no solo en no salirse del marco constitucional, sino de protegerlo y de mejorar día a día su cumplimiento, de acuerdo con todos los que aprecian y quieren el estado de derecho y la auténtica democracia en sus usos, formas, contenidos, espíritu y letra , leyes y preceptos? ¿Estamos locos? Pues lógicamente nadie hace lo contrario a lo que debe y se le exige, en ejercicio de sus altas obligaciones, estando en su sano juicio.

Es hora de esa profunda regeneración de España. Ayer mismo aprobando la eutanasia sin un solo experto estudiando y analizando la situación. Ni una sola institución conocedora, en el debate y como si tuvieran un gobierno salido de las urnas con mayoría aplastante. Igual que la ley de educación. Al menos, el tribunal superior de justicia de Cataluña ha sentenciado -aunque sea una cuestión increíble- que pueda hablarse el español en el colegio el veinticinco por ciento del tiempo. Inconcebible en cualquier caso tal limitación. No hay nación democrática que actúe así. Regeneración integral es una demanda más que urgente. Estamos en el peor tiempo de nuestra etapa democrática, con un gobierno que deshonra todos los días su alta responsabilidad, pero logremos desde la sociedad civil rearmar los principios y valores de una sociedad moderna como base y columna vertebral del verdadero progreso del conjunto de la sociedad. Llamamos una vez más al gobierno a cambiar radicalmente su rumbo, pensando solo en el bien del conjunto de los españoles.

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Amalio de Marichalar es el Conde de Ripalda

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